martes, 24 de mayo de 2011

La educativa historia del esfínter anal



Erase una vez en que todos los órganos debatían cual era el más importante de ellos. Los de mayor predicamento eran el cerebro y el corazón, pero también otros tenían seguidores. Los pulmones alardeaban de estar continuamente mezclando interior y exterior. El hígado argumentaba que sin su aportación fallarían otras funciones como la digestión o la circulación de la sangre.

Estaba en lo más álgido el debate cuando el esfínter anal presentó su canditatura: 'Yo soy el órgano más importante'. La sorpresa fue mayúscula y, después de un breve silencio, estalló una gran carcajada.  Avergonzado y muy herido en su amor propio, el esfínter se retiró presa de una gran tensión.

Tres días más tarde una delegación de todos los órganos fue a suplicarle al esfinter que se relajara y cumpliera su función, pues ni el orgulloso cerebro ni el altivo corazón podían sobrevivir a menos que se eliminaran desechos.

Como esta es una historia edificante, le ponemos happy end: todos volvieron a cumplir sus funciones, incluido el esfinter anal, y nunca más se presentó a discusión quien era el más importante.

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