miércoles, 30 de marzo de 2016

Rosenhan Reloaded



ANTECEDENTES:

(a)
Hace cuarenta y tantos años, en un experimento histórico, David Rosenhan y sus colaboradores pusieron a prueba la validez de los diagnósticos psiquiátricos [wiki, paper original, un comentario]. En la época de la antipsiquiatría (Thomas Szasz, Ronald Laing, ..) Rosenhan quiso verificar la tesis de que los diagnósticos psiquiátricos son falacias pseudo-médicas. Junto con otros 7 voluntarios (dos psicólogos, un estudiante de psicología, un pediatra, un psiquiatra, una ama de casa y un pintor) acudieron, cada uno por su cuenta, a distintos hospitales psiquiátricos aduciendo oír voces. Cada uno se presentó relatando su vida y personalidas tal cual eran añadiendo -tan solo- la audición de una alucinación auditiva consistiendo en una palabra poco clara ("vacío", "hueco" o "ruido") comportándose normalmente en todo lo demás. Además, la alucinación auditiva 'desaparecía' desde el momento en que cada uno era admitido como paciente.

De los ocho "pacientes", siete fueron diagnosticados como esquizofrénicos y uno como maniacodepresivo. Permanecieron ingresados un promedio de 19 días. En los hospitales psiquiátricos únicamente algunos de los verdaderos pacientes los reconocieron como actores: "Tú no estás loco. Eres un periodista o un profesor". Los profesionales de los centros, en cambio, los creyeron y los trataron como a 'enfermos' mentales. Por lo que se puede ver los diagnósticos no fueron afectados por la relativa salud (mental) de los pseudopacientes y las circunstancias de su vida. Al revés, la percepción de sus circunstancias vitales fue conformada por el correspondiente diagnóstico.

Esta forma de interpretación es lo que se llama "Sesgo de confirmación", consistente en filtrar o adaptar la información que se recibe a la hipótesis previamente formulada. Es lo que ocurre, por ejemplo, en las interpretaciones racistas o sexistas de hechos reales (ejemplo falso robo, caso histórico Dreyfus,) Este vídeo (en inglés) ilustra muy bien la psicología de las expectativas.

(b)
Los cuerpos de atención a emergencias, incluídas fuerzas armadas, escuchan a menudo denuncias, quejas o peticiones, que van más allá de lo que pueden realmente atender. Algunas se encuentran entre lo absurdo y lo ridículo. Desde el avistamiento de ovnis a los procedimientos mágicos de algún vecino. En la medida en que no haya alteración del orden, estas denuncias no prosperan y el agente que las recibe solventa la papeleta lo mejor que puede.

(c)
Z, en un cierto momento de su vida, experimentó un trastorno psicótico. Tuvo varios ingresos en un lapso de pocos años. Durante los últimos 8 años se ha ido recuperando, descendiendo la medicación hasta eliminarla por completo, le falta poco para acabar una licenciatura, y lleva una vida social satisfactoria.

HECHOS:

Z se va de vacaciones a su antigua ciudad. Se hospeda en un hostal. Después de cenar, junto con otros huéspedes entabla conversación con una chica extranjera. Por la mañana la busca y, al no encontrarla pregunta en conserjería, donde le dicen que la mencionada chica abandonó el hotel de madrugada. Le suena raro. Conversa con otro huésped, extranjero, quién también lo encuentra extraño. Comentan que por la situación de su habitación habrían oído a alguien marchándose tan temprano. Y aquí se le ocurre una peregrina idea: él, que es del país, solicitará a la policía autonómica que examine las grabaciones de las cámaras de seguridad.
La historia podría haber acabado con el policía diciendo que si tiene algún hecho concreto a denunciar lo haga y que si no es así les deje a ellos hacer su trabajo.
Pero no acaba así. En la pantalla del agente, al teclear el DNI del denunciante aparece la palabra maldita: es-qui-zo-fre-nia.
Sin mediar ninguna actitud violenta o amenazante (ni en esta ocasión ni en ninguna otra), Z es invitado a subir a una ambulancia donde es atado y llevado al hospital que, según la ficha le corresponde.
La psiquiatra de guardia ante un caso 'tan evidente' de brote psicótico (agravado por la negativa de Z a reconocerse como 'enfermo') decreta el ingreso involuntario. Tres días más tarde, el juez ratifica la pertinencia del ingreso involuntario (es lo que se hace en el 99% de los ingresos involuntarios). Por supuesto, la medicación es considerada imprescindible.
Cuando, días más tarde, su familia consigue sacarlo, un psiquiatra independiente considera el episodio como un toque de atención, recomendando estar más atentos los siguientes días y, por si fuera necesario, receta un fármaco para ayudar a dormir. No considera necesario volver a los antipsicóticos y totalmente contraindicado el encierro y la separación del modo de vida habitual.


COMENTARIOS:


  • El trato que se da a las personas con algún diagnóstico psiquiátrico refleja a la perfección los pre-juicios de quien trata. ("No es nada personal, es el protocolo" argumentan. Como aquel mafioso de una célebre película que antes de disparar declaraba, a modo de excusa: "No es nada personal, son los negocios").
  • No, no es igual en todas partes. Un enfermero especialista en salud mental que ha estado trabajando en Suiza 7 años comenta que en este lapso 1 (una sola) vez practicaron una contención mecánica. Y el mismo día se reunió el equipo para estudiar 'qué había fallado' para llegar a eso. Hace algunos meses hubo un cierto revuelo al mostrarse públicamente lo común de la "contención mecánica" en un hospital de Madrid (como en la mayoría de los psiquiátricos españoles). 
  • Un preso, reo de cualquier crimen, disfruta de más derechos que el paciente de un psiquiátrico (pero es "por su bién", eso sí). 
  • Los delitos, al cabo de un tiempo, prescriben. Los únicos que no prescriben, los crímenes de lesa humanidad, si son juzgados y se emite condena, se acaban una vez cumplida esta.
  • Los diagnósticos psiquiátricos, en cambio, NO PRESCRIBEN nunca. No se contempla la posibilidad de curación/recuperación. (La imposibilidad de curación es uno de los dogmas de la psiquiatría standard. A los contraejemplos los llaman "errores de diagnóstico")
  • Quienes han superado un trastorno mental grave (o problema etiquetado como tal) -y conozco unos cuantos- suelen etiquetarse a sí mismos como "supervivientes psiquiátricos", más que 'supervivientes de una enfermedad mental' ¿Porqué será?
  • Los criterios para diagnósticar la esquizofrenia, desde que Bleuler la pusiera de moda, no han cesado de variar cada poco tiempo. A mi personalmente me encantaban los del DSM-III, entre otros 'síntomas': "manifestar emociones en exceso o manifestar demasiado pocas emociones" (¿Cuantos quedarían en el estrecho punto medio? ¿Donde podría situarse este hipotético punto?)
  • Ocurre a menudo que dos psiquiatras 'detectan' diferentes síntomas y 'emiten' diferentes diagnósticos, para no pelearse inventaron la 'comorbilidad' (esto quiere decir que ambos diagnósticos son correctos). No obstante, siguen discutiendo entre ellos. Aquí un comentario de Pilowsky,L. y Murray,R.M. sobre Gray,A.J., Feldon, J.N.P. Rawlins, Hemsley,D.R. y Smith,A.D. en "Behavioral and Brain Sciences" (citado aqui) Se preguntan si es que estos autores:
"no sufrirán una capacidad disminuida para distinguir entre lo relevante y lo irrelevante, y que esto les haya llevado a desarrollar complejos delirios tratando de ver los mecanismos cerebrales subyacentes a la esquizofrenia".
  • Todos tenemos algún amigo que entiende mucho de vinos ... a condición de leer la etiqueta. La verdad es que pocos expertos se atreven a realizar una cata a ciegas: el riesgo de metedura de pata es elevado. 
  • Algo parecido ocurre con los expertos en 'trastornos mentales': a toro pasado muchos se atreven a colocar un diagnóstico en pocos minutos. Pero me gustaría encontrar psiquiatras que se atrevan a realizar una "cata a ciegas": tras un rato conveniente de entrevista apostar a si el entrevistado disfruta de un diagnóstico psiquiátrico o es un ciudadano común que no goza de tal privilegio.


(La foto de la cabecera corresponde a Rachael, la replicante que según Rick -Blade Runner- supera el test de humanidad)

5 comentarios:

  1. A todos nos sube la tensión, el azúcar o la suspicacia de vez en cuando (a unos más a otros menos). Nos desajustamos y nuestro cuerpo se comporta como prehipertenso, prediabético o prepsicótico principalmente cuando las condiciones del medio son favorables (comiendo pasteles, subiendo demasiadas escaleras o sintiendo celos hirientes quizá cuando ella 'coquetea' con otro). Sin embargo son contingencias biológicas con techo y reversibles, cualitativamente, no es una cuestión de grado, diferentes del colapso físico-químico que supone padecer hipertensión, diabetes o psicosis.

    En todo caso, desequilibrios que la ciencia médica define en consenso como enfermedades o no, rotulándolas si corresponde mediante conceptos que creo humildemente solo pretenden determinar el compromiso vital a que nos somete la expectativa de su propio curso evolutivo (no es lo mismo sufrir alopecia y quedar peor en la entrevista de trabajo, que no poder ir al mismo trabajo por haber perdido una pierna a causa de una diabetes mal tratada).

    Lamentablemente, las enfermedades suelen ser en su mayoría estados naturales que no prescriben, que se vuelven crónicos una vez que se desencadenan. La vida es así, cuando fracasa su capacidad de autoregulación ya nada parece lo que era: que la razón de nuestros males sean alimentos que ingerías, falta de ejercicio físico o que tu novia sea supersimpática con el resto de la sociedad. No, nuestras flexibles y dimensionales debilidades biológicas estaban ahí prestas para despertar a la serpiente.

    La locura no es más que eso, otro de esos raros abismos materiales que los seres vivos sufren por el hecho de serlo, en este caso la imposibilidad biológica del cerebro humano de diferenciar su mundo valorativo del exterior. Esa función está, casi no está, o no está. Y cuando no está, desde luego es plenamente objetivable por un observador imparcial, dado que las interpretaciones del mundo subjetivo ajeno dejan de ser intrínsecamente metafóricas (lo que no quita que a veces no se evalúe bien).

    Así, un depresivo puede decir que se encuentra en un pozo y todos entendemos que es una metáfora. Sin embargo, cuando la depresión se hace muy deletérea puede creer que realmente está en un pozo, y entonces delira, aunque a veces confunda a un experto por su manera ambigua de expresarse o de estar en tierra de nadie. Aun partiendo de la base que todo se puede fingir, generalmente el delirio auténtico suele salir a la luz y es bastante impactante para el que lo percibe...

    Hace 2 meses y medio estuve ingresado 15 días (da igual llevar 4 años o más estable, matemáticamente antes del año de bajar la farmacia, se vuelve a cumplir), pues cuando mi joven, afable y bien parecido compañero de habitación declaró en la terapia de grupo (a la que por otra parte yo acudía obligado) que llevaba un chip en la cabeza que le había puesto su psiquiatra hacía mes, no era una metáfora. Mi sentimiento de que aquel juicio suyo era tan monstruoso por su evidencia, y que la terapeuta se lo sonsacara para socializar con los restos de cordura falsa de la sala, da un poco a entender el shock emocional de presentirme padeciendo un posible síntoma psicótico atroz, no sé si igual pero quizás semejante, y recibiendo idéntica ducha de agua de misa. Tan sincera a la vez que lógicamente mal planteada. Como tratar de hacer invisible un cosa, una piedra pongamos, invocando con confusas y embaucadoras palabras.

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    1. ΣAnr:

      hablas de 'desequilibrios químicos', de que 'las enfermedades suelen ser en su mayoría estados naturales que no prescriben'. ¿Qué voy a decir? Que el teléfono es una cosa y otra coas es la conversación que se establece a través de ello.

      El tema del post es que si a tí te duelen las tripas, vas al médico -o no- según tu mismo prefieras. Pero que si a tu vecino/familiar/compañero le dueles tú, también te llevan al médico. Aunque tu no quieras.

      Y esto no es un tema médico. Es un tema social y político. En Italia no pueden encerrarte en contra de tu voluntad a no ser que infringas una ley escrita (rompas algo, no dejes dormir al vecindario, etc.). Aunque te pases el día en el parque hablando con unos seres que los demás no ven ni oyen. Aquí si. Por los mismos hechos.

      Si tú experimentas -por ejemplo- ataques de pánico, puedes recurrir a algún terapeuta de tu confianza. Pero si el pánico lo experimenta un policía porque no comprende lo que tu dices o haces y te lleva a un terapeuta de su confianza. A muchas personas nos parece algo muy distinto. Y algunas nos movemos para evitar este tipo de 'ayudas' que parecen atropellos.

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  2. El ejemplo vuelve a parecerme lógicamente mal planteado. Porque la cosa, el teléfono, la materia (el cerebro) es la que crea la conversación y por ende las interferencias del pánico o la psicosis. En ningún caso son agentes diferenciados. Y cuando la avería es grave, la mente y su palabra dejan de estar conectadas el entorno (algo mucho más comprometido que un síntoma aislado como un delirio circunscrito y su pertiente angustia). En esos casos, de locos cuasi totales, no veo mal el intervencionismo, con garantías y limitado en tiempo y formas. Aunque sea generando un lastre impuesto a otro ser humano (evitar que el bipolar muera desplomado de hiperactividad o un esquizofrénico se mate de inanición e intoxicación hídrica no es un atropello). Desde luego, al igual que tú, estoy en contra de utilizar medios totalitarios para llevar a un loco parcial al equilibrio, y dejarlo en paz, aun a costa de generarle más estigma social en su entorno inmediato (creo en las libertades individuales). Pero no lo justifico en ninguna ficción social o política: su problema principal es la implosión de su condición de sujeto, todo lo parcial que tú quieras pero devastadora y fruto de una enfermedad del cerebro.

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    1. ΣAnr:
      Así que "la cosa, el teléfono, la materia (el cerebro) es la que crea la conversación". Pués nada, a tomar pastillas para "controlar la cosa", nada que tenga que ver contigo ni con ninguna persona.

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    2. Lo dices como si la gente que quiero o me quiere fuesen culpables o responsables de mi enfermedad. Sí, sufro un disturbio severo fruto de un desorden biológico y mi entorno ya tiene bastante con sentirse impotente cuando se desencadena. Afortunadamente, tb existe de ese material sintético que casi siempre logra devolver las dimensiones mínimas a tu propia mente (que digan lo que digan los dualistas no un ectoplasma sino materia) y que usado con prudencia pero vigilante me permite en cierta medida ser yo mismo, para bien o para mal.

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