martes, 15 de noviembre de 2011

El Progreso



Hoy recupero un cuento breve escrito a raíz de presenciar la desaparición (forzada) de una empresa manufacturera. No sé porqué, le encuentro paralelismos con la situación actual de los servicios de salud mental.

   Erase un vez una empresa feliz. Atravesaba sus dificultades, pero todos sus empleados cobraban a final de mes, sus accionistas cobraban a final de ejercicio, sus proveedores cobraban en el momento pactado, y sus clientes volvían a comprar.

    Andaba el Directivo pensando en como reducir costes, aumentar márgenes, y cosas del mismo estilo cuando apareció el Vendedor.
‘estáis empleando un proceso muy anticuado’  le contó al Directivo, ‘si adoptáis nuestro sistema, aumentareis la productividad en gran manera. Aunque requiere una inversión importante, al año estará amortizada’’.

    El Directivo estudió la oferta, requirió referencias, preguntó, comparó, y finalmente aceptó.

    La implantación costó algo más tiempo del previsto, aparecieron algunos costes no previstos inicialmente, pero todo llegó a buen puerto. Ahora utilizaban un proceso mucho más eficiente. El Directivo podía presentar el conjunto de la operación como un éxito.

    Antes de haberse amortizado las inversiones realizadas apareció otra vez el Vendedor quién, después de felicitar al Directivo por lo bién que lo había hecho, le dijo:
‘nosotros mejoramos siempre y ahora disponemos de un sistema mucho mejor que os permitiría reducir aún más los costes’,  viendo la expresión esceptica del Directivo, enseguida añadió ‘es lo que estan empezando a hacer vuestros competidores más listos, los que han comprobado la bondad de nuestras propuestas’.

    El Directivo dudó, midió, comparó, calculó, y recordando que efectivamente se había conseguido lo que habían propuesto la primera vez, al fin aceptó. Otra vez hubo retrasos (que fueron perfectamente explicados por el vendedor) y otra vez aparecieron costes no previstos (que discretamente se le hizo comprender al Directivo que él debía haberlos previsto) Y otra vez volvió a funcionar la empresa con un proceso mucho más eficiente. El directivo tuvo que llegar al límite de sus capacidades para camuflar gastos, destacar ventajas y presentar al Consejo el gran avance que todo ello representaba para la empresa. Se aprobó su gestión y se le autorizó en voz baja a hacer lo que hiciera falta para poder mostrar algo de beneficios.

    Antes de haberse amortizado las inversiones realizadas apareció otra vez el Vendedor. Esta vez el Directivo estaba sobre aviso, así que educadamente le hizo notar que no deseaban mejorar nada.
‘es una lástima’  dijo el Vendedor ‘en vuestro sector las cosas estan cambiando rápidamente y no hacerlo significa ser barrido por la competencia, como le ha ocurrido a la empresa TalYCual ’,  ‘bueno ya volveré otro día’.

    El Directivo hizo sus averiguaciones y descubrió que efectivamente la empresa TalYCual había sido absorbida por otra más importante de manera un tanto forzada y, ciertamente, poco ventajosa para sus accionistas ...

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