viernes, 14 de octubre de 2011

La ciencia detrás de las recetas (y VII)



En el mundo interior de las personas, en su psiquismo, ocurren fenómenos parecidos a los del mundo externo: a veces hay tempestades, inundaciones, y hasta terremotos. Y como todo lo que pasa en el interior transluce al exterior, los cataclismos de la psique también. Pueden manifestarse en forma de comportamientos extraños que, vistos desde fuera, llamamos 'locura'.

Quien experimenta tales trastornos es una persona como las demás. Puede que sea muy tranquilo o muy movedizo; más bien dócil o más bien rebelde; inclinado a darle vueltas en el coco, o siempre arrastrado por los latidos de su corazón. Y, naturalmente, puede que tenga mucha suerte o que tenga poca. Si se encuentra con un entorno familiar que le sostiene, puede considerarse afortunado. Si, por el contrario, su entorno social inmediato ya carga con sus propios miedos y no puede con los de otro, entonces diremos que tiene poca suerte.

Además del entorno social inmediato hay el entorno institucional y profesional. Aquí también influye grandemente la suerte. Puede que vaya a parar a manos de un psiquiatra de los que atienden 'enfermedades', de los que pasan el check-list clasificatorio en un plis plas y endosan medicamentos como quien ceba animales de granja. Si es más afortunado, puede dar con un psiquiatra de los que atienden 'enfermos', es decir a personas en un estado de sufrimiento. Puede, incluso, que encuentre un equipo de profesionales de la salud mental de los que atienden desde diferentes ángulos a la persona que sufre un trastorno, buscando no solo atenuar los síntomas, sino también las causas de los síntomas.

De todo esto ¿ qué puede uno elegir o modificar para superar más fácil y rápidamente el cataclismo ?

Uno tiene el temperamento que los genes, los astros, o el destino le han dado. Se puede llegar a modificar, pero no de la noche a la mañana. El entorno familiar no se elige, toca el que toca. Por lo que hace al entorno institucional y profesional, hay posibilidades de elección, aunque no para todo el mundo en el mismo grado; depende mucho de la situación de cada cual.

No obstante, otro de los factores importantes sí que está en la propia mano modificar: me refiero a la actitud con que se enfrentan los problemas. Esto puede ser imposible mientras uno se está ahogando o se encuentra en la fase aguda de un brote psicótico, pero está dentro de las propias posibilidades una vez estabilizado. Y en esto se observan notables diferencias.

Hay quien acata dócilmente la situación tal como se la presentan; estos suelen conseguir una posición relativamente cómoda. Hay quien, por el contrario, se rebota continuamente negándose a colaborar. Fácilmente se ganan estancias más largas y más incómodas.

También hay quién opta por la astucia. Hace ver que se traga la medicación pero la escupe en cuanto piensa no ser visto. Deberán ser realmente muy expertos para engañar a los que llevan tiempo trabajando en unl área de salud mental.

Pero los seres humanos, toda la especie, somos especialistas en la adaptación. Los niños aprenden trucos para eludir el control materno y las madres tienen que aprender las triquiñuelas de sus pequeños. El delincuente habitual aprende qué le resulta útil para salir bien parado en los interrogatorios de la policía; y éstos tienen que llegar a conocer a sus habituales. También en las áreas de salud mental se crean expertos; especialistas en decir al psiquiatra lo que este quiere oír. De la misma manera que los psiquiatras aprenden que no resulta útil negar frontalmente los delirios del paciente.

Una actitud que siempre resulta útil es aprender de aquellos que lo llevan bien. Como Arnhild Lauveng, recuperada de una esquizofrenia y hoy día psicóloga clínica. Otros aplican aquel dicho de que 'si no puedes vencer a tu enemigo, alíate con él'. Es lo que propone Martín Bakero, "no se trata de ser normal y no tener problemas sino de hacerse cargo de los propios síntomas. No eliminarlos sino pulirlos para que se transformen en el arte del síntoma", como el caso de un paciente "que escuchaba voces y que acabó empleándolas para escribir obras de teatro" (sintomarte).

En todos los casos es interesante relacionarse con otros que experimentan dificultades similares, el apoyo mutuo es beneficioso para todos, incluso para los que se creen lejanos a este tipo de problemas.

A la asociación 'Usuaris de Salut Mental de Catalunya' no los conozco directamente, pero tienen un documento (en catalán) con el título "La Relación Entre Las Personas Usuarias Y Profesionales En El Ambito De La Salud Mental" que vale la pena estudiarse.

En Barcelona se puede empezar por escuchar y conocer a la asociación decana en este ámbito: Radio Nikosia.

***

No tengo más que añadir a esta recolección de las experiencias de otros y algunas observaciones propias. Por lo menos de momento, lo dejo ahí.

Si alguien padece un exceso de fe en la psiquiatría que conoce, le recomiendo el siguiente video:
'Cuando se consideraba normal que una mujer se muriera del parto' (El asombroso descubrimiento de Semmelwies).

Si, al revés, alguien tiende a pensar que la psiquiatría (así, toda) sirve de poco, le recomiendo se de unas vueltas por este blog y lea los comentarios de los usuarios de salud mental:
'Saltando Muros'.

jueves, 6 de octubre de 2011

Sensatez, coraje y honestidad



Hoy aparcamos las locuras y hablamos de
sensatez, coraje y honestidad.
El discurso de Steve Jobs en Stanford, el 2005.




martes, 4 de octubre de 2011

La ciencia detrás de las recetas (VI)



La psiquiatría intenta insistentemente homologarse como 'igual' a las demás ramas de la medicina; no sé si debería llamarlo 'síndrome del hermano menor', pero se le parece mucho. Ese intento de equiparar problemas estrictamente humanos a enfermedades biológicas adquiere diferentes tintes. Desde los 'descubrimientos' con evidentes intereses económicos de por medio, hasta leyendas urbanas con ropaje científico, como este artículo de ElPaís. Y, naturalmente, el concepto que se tiene acerca de los problemas de carácter 'psi' determina el trato y el tratamiento que se da a los afectados por algún trastorno.

Podría pensarse que en la era de la cibernética, el antagonismo entre los planteamientos de Kraepelin y Freud ha quedado superado, y sería como centrarse en el hardware o en el software. Pero los humanos somos bastante más complejos que el más sofisticado ordenador producido por nosotros. Y aunque ante un problema del PC puede diferenciarse claramente cuando es debido a hardware y cuando a software, esto no es aplicable ni al cerebro ni a la mente; aquí es mucho más complejo debido al solapamiento y la interpenetración de ambos aspectos de la psique. En nosotros, hardware y software interaccionan y se modifican mutuamente: está comprobado que atravesar el cerebro con una barra metálica de 3 cm. de diámetro puede producir mal carácter (y nada más). Y también está comprobado que practicar meditación por ocho semanas (un curso en condiciones controladas) puede producir cambios estructurales en la amígdala cerebral.

Paralelamente a la equiparación de un problema psíquico a la disfunción de algún órgano, está el enfoque terapéutico. Al amigo que sufre se lo acompaña, a quien padece un neumonía se le inyectan antibióticos. La tecnificación de la medicina en general y de la psiquiatría en particular no aporta eficacia. De hecho es al revés, los problemas que no se resuelven de raíz reaparecen. [y las estadísticas no permiten la euforia: algunas enfermedades se curan mejor pero han aparecido otras de nuevas o reaparecen otras de antiguas que se creían erradicadas. En algunas franjas de edad, ciertamente hay menos muertes por enfermedad, pero hay más por accidente o suicidio].

La idea de enfermedad mental es un invento relativamente reciente, poco más de doscientos años. Desde luego este ‘invento’, o mejor dicho el cambio de status que comportó a los locos, constituyó un progreso notable. Pasaron de ‘malditos’ a ‘víctimas’. No obstante parece que la humanidad se empeñe en dar la razón a Wilhelm Reich y a su visión del ‘pequeño hombrecito’, pues tras cada avance siguen una serie de pequeñas tergiversaciones que empequeñecen lo logrado. En lugar de encerrar a los locos para protegerse de ellos, se los encierra para protegerlos a ellos de sí mismos; y en lugar de aplicar camisas de fuerza se emplean antipsicóticos que igualmente impiden la manifestación de los síntomas desagradables. El péndulo ha oscilado de un papel activo y culpable ('poseído' por algún demonio) a pasivo y totalmente irresponsable (le ha 'tocado en suerte' una enfermedad mental).

Más vale que me apresure a decir que sí, que existen enfermedades mentales y del cerebro. Pero resulta que, además, también existen problemas en la esfera psíquica, de percepción e interpretación del entorno y/o de comportamiento, para los que no se ha encontrado ninguna base biológica (a pesar de largas y costosas investigaciones), y que bastantes personas (entre las que me cuento) consideran inadecuado equipararlos a las enfermedades biológicas. La diferencia no es tan solo de vocabulario, se trata de diferentes concepciones del ser humano, con y sin trastornos de por medio.

Jamás he visto quemar a ningún poseído por el demonio, pero sí he encontrado, sobre una silla de ruedas y convertido en quasi-vegetal, a quien otrora fuera una persona alegre. Las hogueras las prendían personas, y las dosis masivas y continuadas de neurolépticos las administran la misma clase de personas: aquellas incapacitadas para ver al ser humano que porta y soporta un trastorno mental. (otra vez hago notar que los neurolépticos no son 'malos', como tampoco lo son los cuchillos o los explosivos, pero ocurre que con los tres también se cometen barbaridades).

Siempre resulta más fácil encontrar un culpable que encontrar una solución. Esto último requiere contemplar diferentes facetas del problema para comprenderlo y des-cubrir el lado idóneo por donde actuar. En busca de una mayor comprensión, y siguiendo la línea del materialismo cultural de Marvin Harris, me pregunto qué diferencias comportan los conceptos de 'enfermedad /angustia emocional severa' a los diferentes actores involucrados.

Opción A :
Aceptamos que los trastornos mentales (pongamos que todos ), son enfermedades como cualquiera otra, es decir algo 'venido de fuera' como un virus, o 'legado' como un gen.
Sujeto (el que experimenta algún 'trastorno mental'): Puede descansar tranquilo. Es un sujeto pasivo y sólo tiene que asumir que es un enfermo de por vida; tendrá que acostumbrarse a los efectos colaterales de los neurolépticos. Pero no tiene responsabilidad sobre lo que le ocurre ni posibilidad de remediarlo. Para ello estan los doctores y los medicamentos.
Familiares: Lo que ocurre al familiar no es nada que tenga que ver con uno. Todo está bajo control, ya se ocupan los doctores de que no cometa locuras y les cree problemas.
Facultativo (psiquiatra): Es fácil diagnosticar y tratar, sólo hay que pasar un check-list y prescribir el fármaco aconsejado.
Institución (seguro público o privado): El tratamiento de los trastornos mentales son solo una extensión de la medicina física. Se hace una estadística con los casos diagnosticados y se calculan los costes que se aplicarán.
Industria (farmaceutica): Los neurolépticos son ideales desde el punto de vista económico; los clientes los toman de por vida, no pueden prescindir de ellos. No hace falta que curen nada y no importa los efectos secundarios, basta con que enmascaren algunos síntomas y los usuarios se acostumbren a ello.

Opción B :
Aceptamos que los trastornos mentales (pongamos que todos ), son funcionamientos erróneos de la psique y que no hay atajos para hacer la vida menos dolorosa o para alcanzar la paz del espíritu. Como recogieron los Upanishad “... penoso es, dicen los sabios, el camino de la salvación".
Sujeto (el que experimenta algún 'trastorno mental'): Resulta que en su vida alguna cosa no se la ha planteado bién. Desde fuera le podrán ayudar, pero nadie se lo arreglará. Tendrá que esforzarse por comprender y por superar sus malos ratos y ganarse los buenos.
Familiares: Puede que hayan participado de alguna manera en la génesis del trastorno y, desde luego, tienen mucho que ver con la recuperación. Se obligan a ser más comprensivos y a estar más disponibles.
Facultativo (psiquiatra): Es dificil comprender los problemas de otro, hay que ponerse en su lugar. Y no se dispone de 'balas mágicas' que lo arreglen todo.
Institución (seguro público o privado): Con los trastornos mentales no hay manera de saber si estan enfermos de verdad o son sólo ficticios. No se puede prever el coste ni la duración que tendrá un tratamiento.
Industria (farmaceutica): Dificil mercado el del trastorno mental, los afectados son tratados casi sin fármacos y, de hecho, no tenemos ni idea de que efectos neurológicos tendría que producir un fármaco para esa clase de problemas.


Pastilla azul para seguir la medicación de por vida; pastilla roja para empezar a conducir la propia vida, acompañado de otros seres humanos imperfectos que -en algunos campos- se manejan mejor.

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lunes, 3 de octubre de 2011

Respeto



Suelo seguir con atención postPsiquaitría; acostumbran poner sobre el tapete, con claridad, temas centrales. El último se titula 'Habla de mí como si estuviera a tu lado', en referencia al artículo de Juan Gérvas y Mercedes Pérez Fernández 'EL ENFERMO MENTAL ESPERA RESPETO DEL PROFESIONAL. VARIOS EJEMPLOS' (a su vez, desarrollando la Declaración de los Derechos Humanos y de la Salud Mental).

Aparco un momento lo que estaba preparando para aconsejar vehementemente este post.

viernes, 23 de septiembre de 2011

La ciencia detrás de las recetas (V)



Al entrar en contacto con el mundo de la psiquiatría (a raíz de un familiar afectado), una de las cosas que más me sorprendieron fue el internamiento. Es tan habitual que hasta parece lógico; solo alguien que no está habituado a este tipo de trato puede llegar a encontrarlo absurdo.

Me explico. Intentemos ponernos en el lugar de una persona que es internada en un centro psiquiátrico: Describo un caso ficticio aunque basado en diversos casos reales.
El 'doliente' acude a la institución psiquiátrica coaccionado, pero no totalmente en contra de su voluntad. Se encuentra en una situación psíquicamente alterada. Experimenta dificultades para encajar todas sus percepciones. No le funcionan totalmente su racionalidad pero su capacidad de sufrir no está mermada en absoluto, más bien al contrario. ¿ Con qué se encuentra ?
Algunas palabras amables, seguidas de un 'chute', y se encuentra aparcado, solo, con sus procesos mentales atenuados por la medicación, pero no cambiados (como ocurre cuando uno se desahoga con un amigo). Se siente mucho menos tenso, pero también menos capaz.
Cuando puede deambular por el centro descubre que el lugar donde se encuentra confinado, con rejas en las ventanas no deja dudas: solo se puede salir si quien está de guardia te abre. También descubre que no hay espacio para la privacidad; y que se controla el uso del mínimo espacio de privacidad que proporciona el inodoro. Le sorprende lo lento que transcurre el tiempo, pero no hay nada que hacer y los pasatiempos son limitados. Entre los demás internos hay de todo. De tanto en tanto alguien suelta un grito de "quiero salir", rápidamente sofocado por los celadores. Hay quien se queda sentado en una silla, inmóvil por horas. Quien recorre el recinto arriba y abajo como una fiera enjaulada.
Algunos son expertos, han estado muchas veces aquí; no solo conocen el lugar, también han aprendido a tratar a los médicos: que cosas hay que decir y cuales hay que evitar a toda costa para salir cuanto antes. Y esta constituye la principal lección de comportamiento.

Las áreas psiquiátricas de hospital no son todas iguales. Algunas son oscuras y lúgubres, otras luminosas y alegres. Lo que tienen en común es el uso abundante de la coacción; usualmente con buenas palabras; a veces incluso con algunas personas verdaderamente amables (esto es, dignas de ser amadas). La amenaza, verbalizada o implícita, de emplear la fuerza es la forma de coacción más frecuente.

Coaccionar significa "forzar a alguien para obligarlo a que diga o ejecute algo". No digo ni pretendo que nunca en ninguna circunstancia se deba emplear ninguna forma de coacción. Bien admitimos que las fuerzas de orden público ejerzan coacción ante personas que no respetan las mínimas normas de convivencia. La cuestión es que en cuanto se emplea coacción deja de usarse seducción y persuasión, y el 'doliente' pierde confianza e implicación, y el único aprendizaje es Pavloviano. Vamos que coacción es lo contrario del empoderamiento.

A principios de la segunda mitad del siglo pasado, el sociólogo y antropólogo Erving Goffman llevó a cabo interesantes estudios sobre las "instituciones totales" (cuarteles, monasterios, hospitales psiquiátricos, cárceles, etc.), esto es, instituciones caracterizadas por:
  • Englobar todas las áreas de la vida  (trabajo, descanso, ocio, aprendizaje, relaciones sociales, etc.)
  • Comportar neta separación del exterior  (muros, barrotes, alambradas, etc.)
  • Adoptar una sola autoridad central (no un jefe de trabajo, un cabeza de familia, un presidente de la comunidad de vecinos, un monitor de juegos, etc.)
El caso es que, a pesar de las diferencias entre ellas (empezando por la voluntariedad o no del ingreso de sus 'huéspedes'), comparten notables semejanzas.
...
El futuro interno llega al establecimiento con una concepción de sí mismo que ciertas disposiciones sociales estables de su medio habitual hicieron posible. Apenas entra se le despoja inmediatamente del apoyo que éstas le brindan.
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La mortificación del yo es sistemática aunque a menudo no intencionada. Se inician ciertas desviaciones radicales en su carrera moral, carrera compuesta por los cambios progresivos que ocurren en las creencias que tiene sobre sí mismo y sobre los otros significativos.
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... las instituciones totales desbaratan o violan precisamente aquellos actos que en la sociedad civil cumplen la función de demostrar al actor, en presencia de los testigos ocasionales, que tiene cierto dominio sobre su mundo -que es una persona dotada de la autodeterminación, la autonomía, y la libertad de acción propias de un adulto.
    No pudiendo conservar esta especie de competencia ejecutiva adulta, o por lo menos sus símbolos, suele invadir al interno el terror de sentirse radicalmente degradado en la escala jerárquica de las edades.
...
En las prisiones y hospitales psiquiátricos, el grado de adaptación de un interno puede juzgarse con bastante certeza, averiguando si el tiempo le resulta llevadero, o si por el contrario se le hace interminable. El tiempo previsto para la reclusión -por dictamen médico o sentencia del juez- es algo que el recluso pone entre paréntesis, para someterlo a una observación constante y consciente, cuya intensidad no tiene paralelo en el mundo exterior.
...
Extraído de "Internados. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales" [Erving Goffman 1961]

Al leer a Goffman y recordar las descripciones de diferentes personas que han sido internos en las alas de psiquiatría de diversos hospitales, surge un paralelismo notable entre este tipo de instituciones y los centros de 'rehabilitación política' de la URSS.

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P.D. sigo buscando, sin éxito, datos de 'resultados' de la medicina psiquiátrica en nuestro país.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La ciencia detrás de las recetas (IV)



El post anterior acababa con la observación de Germán Berrios "... ya sea que [los psiquiatras] demos a los enfermos baños de agua helada o los medicamentos más avanzados un tercio de ellos responde completamente, un tercio responde a medias y relativamente y un tercio no responde en absoluto".

Héctor González Pardo Y Marino Pérez Álvarez, en su imprescindible libro "La invención de trastornos mentales" plantean la pregunta de si "¿funcionan realmente todos los tratamientos psicológicos?", llegando a la conclusión que:
"...está probado que los tratamientos psicológicos son efectivos...", "Está probado que los pacientes que reciben alguna psicoterapia formal mejoran más que aquellos que no la reciben...", "Aquí la paradoja y, de hecho, la cuestión intrigante es que las distintas terapias psicológicas son eficaces en la misma medida, siendo un debate abierto si algunas lo son más que otras en problemas concretos (pero la cuestión no es que algunas no lo sean nada). La pregunta sería entonces por qué siendo distintas tienen, sin embargo, una eficacia similar".

El que en promedio los resultados sean siempre similares no significa que no haya diferencias. Porque haberlas haylas, como las meigas. La cuestión es si las diferencias son debidas al método (o tratamiento), al clínico (la persona que efectúa el tratamiento), o al entorno (donde se ejerce el tratamiento). Repaso algunas referencias.

Karl Menninger, eminente psiquiatra estadounidense a mitad del siglo pasado, y su hermano Will fueron psiquiatras pioneros en la integración de la espiritualidad con el tratamiento de la salud mental. Aplicaron una fórmula sencilla para el cuidado de los pacientes, una combinación de trabajo, juego, fe, esperanza y amor. Estos se aplicaban en un "equilibrio vital". Poco después de la II guerra mundial, con la Clínica Menninger en marcha y siendo ya muy conocidos, se hicieron cargo del ‘Topeka State Hospital’. Este fue descrito como “un nido de víboras”, donde se recluía a centenares de trastornados de todo tipo y de donde sólo un 1 de cada 5 salía con vida. Cuando los Menninger se hicieron cargo dieron órdenes de que todos los pacientes fueran tratados con amabilidad. A todos los asistentes de sala se les formó para administrar "este medicamento, el amor". En poco tiempo se consiguió que un 86 % de los pacientes se hubiera recuperado en un año o menos de estar ingresados; la mitad de ellos podía volver a su casa en solo 3 meses.

En 1971 Loren R. Mosher puso en marcha su famoso proyecto ‘Soteria’.  Originalmente el objetivo de Soteria fue evaluar si un tratamiento psicosocial intensivo de 6 semanas, especialmente diseñado, con un entorno terapéutico centrado en la relación, e incorporando un uso mínimo de medicamentos antipsicóticos, podía producir igual o mejores resultados en el tratamiento de los pacientes recién diagnosticados con esquizofrenia comparado con el tratamiento con medicamentos antipsicóticos en las salas de un hospital psiquiátrico. Soteria también intentaba reducir la proporción de pacientes mantenidos con medicamentos antipsicóticos (lo que reduce la exposición a la toxicidad inducida por drogas) y para reducir la tasa a la que los clientes de episodio temprano se convirtieran en usuarios crónicos de los servicios de salud mental.

En resumen, el resultado a corto plazo (atender una crisis psicótica) era igual de eficaz que los métodos tradicionales. Y a largo plazo, mucho mejores. A un coste menor (menor gasto en fármacos y empleando más personal pero de menor cualificación, bajo la dirección de psiquiatras). Se hicieron diversas réplicas con diferentes variaciones, obteniendo resultados similares. En 1983 se cerró el último. Resulta interesante leer la carta de renuncia de Mosher a la American Psychiatric Association.

No he encontrado ninguna descripción del porqué cesó, más allá de que la administración decidió no continuarlo. Esta experiencia ha influido en muchos psiquiatras y centros, pero el único en retomar la antorcha (que yo sepa) es Luc Ciompi con su Soteria Berna.

En 1973 la OMS puso en marcha el Estudio Piloto Internacional de la Esquizofrenia (IPSS) para comparar la evolución de la esquizofrenia en diferentes países (incidencia, prevalencia, etc.) Este primer estudio y todos los que le han seguido (porque los inesperados resultados han obligado a mirárselo con más detalle) muestra algo sorprendente: que tiene mucho mejor pronóstico una persona con esquizofrenia en un país del tercer mundo (y con muy pocos recursos) que un caso equivalente en un país rico de primer mundo (con toda clase de medios a su disposición). Y esto no solo inicialmente, también en el seguimiento a los dos años y en el seguimiento a los cinco años. El porqué es así, está sujeto a discusión, pero hay dos diferencias llamativas: en los países del tercer mundo los hospitales usan menos antipsicóticos y las personas mantienen lazos sociales más fuertes. Otro de los resultados de estos estudios es que las manifestaciones de la locura (p.ej. el tipo de esquizofrenia) está estrechamente ligado al entorno cultural del sujeto.

Me resulta difícil encontrar datos estadísticos que permitan evaluar la eficacia de los servicios psiquiátricos actuales. Ciertamente los hospitales presentan estadísticas de la gestión hospitalaria, pero más encaminadas a mostrar sus esfuerzos que sus resultados; y además, la información suele mostrarse en agregados de poca utilidad para valorar la eficacia del servicio prestado. Hay, desde luego, otra dificultad: qué es lo que se mide. Si un paciente sobrevive 30 días a un trasplante falleciendo al día siguiente, puede que se considere un éxito desde el punto de vista médico, pero difícilmente lo valorarán así sus familiares.

En psiquiatría es aún más difícil la valoración del resultado. En ocasiones dos facultativos discrepan respecto a la curación de un paciente. En otras se considera, por parte del clínico y de los familiares, que ha habido una suficiente mejoría puesto que el paciente ahora se muestra manso y no inquieta a su entorno. Me pregunto cuantos tratamientos consiguen "un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad" (definición de salud mental de la OMS).

Googleando doy con un documento titulado "La Eficacia De Los Tratamientos Psicológicos" en la web del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos. Abogan claramente por una de las tendencias dentro de este campo, en detrimento de otras igualmente bien establecidas (Lo curioso/interesante es la argumentación).

Recapitulando, quizá debamos creer el dicho de que "no hay psiquiatría sino psiquiatras".

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viernes, 16 de septiembre de 2011

La ciencia detrás de las recetas (III)



En la definición de René Leriche "enfermedad es aquello que molesta a los hombres en el normal ejercicio de su vida, en sus ocupaciones y sobretodo aquello que los hace sufrir". Karl Menninger, ya de mayor, define el trastorno mental como “cierto estado de existencia que es incómodo para alguien [...], el sufrimiento puede estar en la persona afligida, en los cercanos, o en ambos”.

Para arreglar algo es necesario un cierto conocimiento, o cuanto menos suposición, del desperfecto y del estado deseable. En el caso de enfermedades y trastornos, tratamiento presupone conocimiento del cuerpo y de la mente en estado de salud, y de la patología que constituye la dolencia a tratar. Para ello el paso inicial necesario es diagnosticar; esto es, examinar al paciente y adscribir su dolencia en alguna categoría conocida (para aplicar los tratamientos efectivos que se conozcan). Puede efectuarse de diferentes maneras y en diferentes grados de profundidad; puede recurrirse a análisis, tests, y a otras herramientas; puede efectuarse con una simple ojeada o por fases (diagnóstico semiológico, nosológico, del entorno, etc.)

Sin entrar a valorar el bagaje profesional y experiencial de cada cual, resulta evidente que la labor de los psiquiatras, como la de todo el mundo, está sujeta a diferentes presiones. De origen interno (p.ej. tendencia a la pereza) y de origen externo (p.ej. la necesidad de atender a 24 pacientes en dos horas). El hecho es que algunas veces se efectúan diagnósticos consistentes simplemente en repasar un check-list; y otras veces da para atender a más cosas: mirar más allá y escuchar sin presuposiciones.

Un antropólogo y psiquiatra, Angel Martínez Hernáez, diserta aquí sobre dos formas extremas de examinar un caso, la médico-incisiva y la antropológico-contextual (obviamente complementarias, como el modo de proceder de cada uno de los hemisferios cerebrales).

Diagnosticar es un trabajo, a la vez de discernimiento y de decisión (mientras se distingue unas situaciones de otras se está ya fijando una dirección terapéutica), y viene grandemente influido por la actitud diagnóstica. (actitud, sustancia y lectura del diagnóstico, en la exposición de Jorge Saurí).

En cualquier caso, diagnosticar significa afirmar la existencia de una enfermedad determinada y está, por tanto, ligado a un conocimiento previo de aquello que se diagnostica.

Existe una interesante controversia sobre si los trastornos mentales se descubren o se construyen. Vaya por delante que considero un error garrafal meter en el mismo saco toda clase de trastornos y enfermedades; p.ej. epilepsias y esquizofrenias. Las enfermedades mentales que ya existían hace dos mil años se descubren (y se describen y se estudian, etc.) Los trastornos de aparición reciente es muy probable que sean una construcción; por tanto fruto también del entorno social en que vive el sujeto afligido, y de la mirada del facultativo que lo diagnóstica.

Actualmente los trastornos mentales reconocidos son los que listan los dos manuales de referencia: el DSM de la APA y el CIE de la OMS. En su momento me sorprendió saber que los trastornos mentales descritos en estos manuales son, simplemente, el fruto de un consenso entre los redactores. Es decir, que a diferencia de las enfermedades biológicas donde una entidad nosológica tiene manifestaciones mensurables objetivamente (número de leucocitos por mm3, presión arterial, etc.), los trastornos mentales corresponden exclusivamente a las opiniones dominantes (o por lo menos de un sector dominante). Como nos recuerda a menudo Germán Berrios, "la Psiquiatría es una disciplina híbrida a caballo entre las ciencias humanas y las naturales". Y desde la perspectiva de las ciencias humanas, los trastornos mentales son constructos tal como lo es el código penal (recordemos otra vez que no todos los trastornos mentales se ajustan al mismo esquema).

Si la labor de los psiquiatras está sujeta a diferentes presiones, la de las entidades que asumen la definición de qué es normal y que es patológico no lo están menos. Más de la mitad de los profesionales que definieron el DSM-IV (y la totalidad de los integrantes de algunos de los grupos, como el de 'esquizofrenias y otros trastornos psicóticos') mantenían vinculaciones económicas con las farmacéuticas fabricantes de la medicación que se recomienda para ese tipo de trastornos. Actualmente hay una reacción bastante extendida de psiquiatras contrarios a utilizar las definiciones de estos manuales como criterio único.

A pesar de la abundancia de teorías y la falta de certezas respecto a los trastornos mentales, la industria farmacéutica (hija de la industria química) propugna un modelo de psiquiatría que puede resumirse así: "no importa lo que sea, si molesta alguien, hay que medicarlo". Una simple búsqueda de titulares (Google, agosto 2011) encuentra: “Se triplica el consumo de antidepresivos en diez años en España”, “Prisiones Gastó 171 Millones de Euros en Olanzapina”, “El consumo de psicofármacos, es decir, antidepresivos, antipsicóticos, antiepilépticos y ansiolíticos e hipnóticos, ha aumentado de forma considerable en los últimos años. Este grupo de fármacos acaparó el 16,6% del gasto farmacéutico del Instituto Catalán de Salut”, etc. Cuando hay que recortar gastos en sanidad lo último que se puede tocar es la tajada del BigPharma.

Dejando aparte la confusión respecto a los diagnósticos y la presión de BigPharma para vender sus productos, para quien se mira la Psiquiatría 'desde fuera' resulta de lo más chocante descubrir cosas como esta:
    "... parece ser que todos los tratamientos funcionan en psiquiatría: un tercio de los pacientes mejora completamente, un tercio mejora a medias y relativamente, y un tercio no mejora. Los psiquiatras tenemos un 66% de éxito. Y ya sea que demos a los enfermos baños de agua helada o los medicamentos más avanzados un tercio de ellos responde completamente, un tercio responde a medias y relativamente y un tercio no responde en absoluto".
(de un curso de Germán E. Berrios en Buenos Aires, mayo de 2010)

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miércoles, 14 de septiembre de 2011

La ciencia detrás de las recetas (II)



La industria química nació en el siglo XIX. Desde antiguo se han desarrollado actividades que implican reacciones químicas (como la cerámica y la metalurgia); pero no fue hasta después de la primera revolución química (en el siglo XVIII) y el nacimiento de la química orgánica (en el XIX) que se desarrolló una industria de síntesis.

El motor para ello fue la producción de colorantes. Antes de la industria química había muy poco color en el vestir. Algunos colorantes sólo estaban al alcance de los muy poderosos (como la púrpura cardenalicia). Incluso para dar algo de color (poco duradero) a los uniformes de los soldados, era preciso cultivar grandes extensiones de las plantas adecuadas. Los pueblos que dominaban la técnica para alguna planta (como el índigo) mantenían secreto el know-how. Así que, cuando William Perkin logró sintetizar su malva, se inició una nueva etapa.

Químicamente, los colorantes se parecen a los explosivos. Es decir, comparten productos intermedios; y una forma natural de rentabilizar un planta de fabricación de colorantes es producir, además, explosivos. Puede decirse que, desde su nacimiento, la industria química ha ido a caballo de tendencias opuestas del tipo eros-tánatos: la vitalidad del color frente a la violencia de los explosivos.

A veces se dispone de un colorante con buenas propiedades y se desea modificarle el color u otra cualidad. Desde el principio la química se empleó en estas búsquedas sistemáticas: ensayar pequeñas variaciones de un compuesto hasta hallar una con las propiedades deseadas. A principios del siglo XX, Paul Ehrlich empleó la misma estrategia con fines medicamentosos: se propuso 'envolver' (químicamente) el arsénico de modo que no afectara a las personas pero sí al Treponema pallidum (causante de la sífilis). Los primeros 605 compuestos ensayados o bien liberaban el arsénico ante células cualquiera del organismo del paciente, o bien no lo hacían llegar a las células infecciosas; pero el ensayo 606 cumplía su función: mataba el Treponema sin matar a su portador. Había nacido el Salvarsán y el concepto de 'bala mágica'.

También desde el principio, la suerte ha jugado un papel importante en muchos descubrimientos químicos, empezando por el malva de Perkin y la dinamita de Nobel. O, más tarde, el Prontosil; un colorante que resultó ser un eficaz (en su momento) antibiótico. O la clorpromazina, en principio un antihistamínico al que se le descubrió la propiedad de tranquilizar sin hacer perder la conciencia (iniciando la saga de los neurolépticos o antipsicóticos). O cuando uno de los sujetos que probaba un vasodilatador comentó unos efectos secundarios "nada desagradables": había nacido la Viagra ('blockbuster' donde los haya).

Y naturalmente, el azar no siempre es afortunado: un exceso de confianza hizo comercializar un jarabe contra la tos cuyo principio activo era un derivado de la morfina (nombre comercial: "Heroína"). Se anunció como "excelente e inofensivo hasta para las criaturas". O cuando un producto que había resultado ineficaz tanto para la epilepsia como para las alergias, se comercializó como calmante para las náuseas de los primeros meses de embarazo descubriendo, a posteriori, el poder teratogénico de una de las formas isómeras del compuesto (Talidomida). Posteriormente el mismo fármaco ha vuelto a ser comercializado, esta vez para el tratamiento de la lepra y del mieloma.

Toda actividad económica requiere la aplicación de la mercadotecnia. Los manuales de marketing suelen centrarse en como alcanzar a una demanda que YA existe. Pero en un mercado mundial, donde no hay más posibles clientes que los habitantes del planeta, la estrategia consiste en generar una demanda que TODAVIA no existe.

Para incrementar el uso de colorantes se apela a la vanidad y a la envidia. Para aumentar las ventas de insecticidas, mediante modificaciones genéticas se crean variedades de plantas que resisten mejor a los insecticidas. Se crea la ilusión de que estas variedades aportan ventajas a quien las cultiva.

Para crear la demanda de explosivos se potencia el miedo y la agresividad de la población; paralelamente se impulsa la codicia de algunos gobernantes. No es que las guerras las creen multinacionales o grandes consorcios, pero sí que conflictos solucionables pacíficamente son exacerbados por multinacionales y grandes consorcios.

Para incrementar el uso de fármacos no es preciso incrementar la incidencia de enfermedades; es suficiente con aumentar el miedo a ellas (Uuuhh que viene la nueva gripe .. ¡¡ vacunaos !!). O hacer creer que son enfermedades lo que hasta el momento se ha considerado normal (Uuuhh esto es TDAH y hay que medicarlo).

El tema es ampliamente conocido y documentado. No obstante los laboratorios siguen ampliando su influencia: en la definición de nuevas enfermedades, ampliando el alcance (población afectada) para algunas de las ya existentes, inventando etiologías para enfermedades conocidas de modo que se pueda vender nuevos tratamientos, etc.

A mi modo de ver este éxito comercial implica un profundo conocimiento (empírico) de la psique humana y de su organización social, porque no sería posible sin la colaboración de muchos. La lectura en positivo es que se puede aplicar ingeniería inversa para revertir la tendencia. Para no tener que redactar una frase nueva copio de 'Saltando Muros': "lo que cada uno de nosotros haga o deje de hacer en su trabajo, su comunidad de vecinos o al doblar la esquina, puede suponer la gran diferencia".

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jueves, 8 de septiembre de 2011

La ciencia detrás de las recetas (I)



Decido examinar algo más profundamente ‘ la ciencia detrás de las recetas '. Esto es, la base científica que permite afirmar ‘ te ocurre esto y debes tomarte aquello '. La parte difícil de meterse en un terreno más allá de los propios conocimientos es que uno se obliga a andar con pies de plomo y a consultar de todo, incluso lo que para un especialista resulta una obviedad. La parte interesante es que se aprende mucho. La motivación es la gran cantidad de afirmaciones contradictorias que se encuentran en la literatura psiquiátrica (todas supuestamente avaladas por un proceder ‘científico'), y el deseo de aclararme.

John Ioannidis alzó bastante revuelo en 2005 al publicar en PLos Medicine “¿ Por qué la mayoría de los resultados publicados de investigaciones son falsos ?”. Este papel ha estado (y sigue siendo) muy citado en diferentes ámbitos. Para algunos no aportó ninguna novedad: la ciencia se construye a base de errores y de su corrección; tan solo mejoraba lo sabido al precisar las maneras como se producen las desviaciones de la verdad científica y al cuantificar las retractaciones en la literatura científica. Otros, en cambio quisieron ver en ello un ‘torpedo' a la investigación científica, como si ello aportara validez a teorías alternativas.

Ioannidis tenía pasión por la matemáticas e inicialmente había pensado dedicarse a ello, pero finalmente estudió medicina. Dice que estaba intrigado por la ‘Medicina Basada en Evidencia' y, quizá influido por el ejemplo de sus padres, ambos investigadores médicos, se interesó por la validez de los estudios que se usaban para lograr la evidencia [de hecho, en español deberíamos decir la prueba o el hecho demostrado]. En general los encontraba poco cuidadosos. Empezó por aplicar análisis estadísticos meticulosos a estudios realizados, y descubrió que muchos investigadores querían ese tipo de análisis. Decidió meterse de lleno, y se encontró trabajando con destacados investigadores en la Universidad Tufts y tomando posiciones en la Universidad Johns Hopkins y el Instituto Nacional de Salud (USA).

Ahora tendría la oportunidad de combinar las matemáticas y la medicina mediante la aplicación de un análisis estadístico riguroso a lo que parecía un campo sorprendentemente descuidado. " Yo asumía que todo lo que los médicos hacían era básicamente correcto, pero ahora iba a ayudar a verificarlo " dice. " Todo lo que tenía que hacer era revisar sistemáticamente la evidencia, confiar en lo que nos dijera, y entonces todo sería perfecto ."

No resultó así. Estudiando detenidamente las revistas médicas, le llamó la atención cómo muchos resultados de todo tipo eran refutados por estudios posteriores. Y a veces saltan a los titulares, como cuando en los últimos años grandes estudios o consensos cada vez mayores de investigadores concluyeron que las mamografías, colonoscopias y las pruebas de PSA son herramientas mucho menos útiles para la detección del cáncer de lo que nos habían dicho; o cuando algunos ampliamente prescritos antidepresivos como el Prozac, Zoloft, y Paxil resultó que no eran más eficaces que un placebo para la mayoría de los casos de depresión; o cuando nos enteramos de que mantenerse alejado del sol por completo puede en realidad aumentar el riesgo de cáncer; o cuando el consejo que nos habían dado de beber mucha agua durante el ejercicio físico intenso resultó ser potencialmente fatal; o cuando, se nos informó que tomar aceite de pescado, hacer ejercicio y hacer rompecabezas en realidad no ayuda a prevenir la enfermedad de Alzheimer, como se afirmó por mucho tiempo. Los estudios revisados por pares han llegado a conclusiones opuestas sobre si el uso de teléfonos celulares puede causar cáncer de cerebro; o si dormir más de ocho horas por noche es saludable o peligroso; o si tomar aspirina todos los días es más probable que salve tu vida o la acorte; o si la angioplastia rutinaria es más eficaz que las píldoras para desatascar las arterias del corazón.

Pero más allá de los titulares, Ioannidis se sorprendió de la variedad y alcance de los cambios de signo que estaba viendo diariamente en la investigación médica. Las "pruebas controladas aleatorias" (RCT), que comparan cómo un grupo responde a un tratamiento en relación con otro grupo estadísticamente idéntico sin el tratamiento, han sido consideradas durante mucho tiempo la prueba casi definitiva, pero esas, también, acaban siendo erróneas algunas veces. " Me di cuenta que incluso nuestro estándar de oro de la investigación tenía un montón de problemas ", dice. Desconcertado, comenzó a buscar las maneras específicas en que los estudios se desvíaban. Y al poco tiempo descubrió que el rango de los errores cometidos era sorprendente: desde las preguntas que los investigadores plantean, a como establecen los estudios, a qué pacientes se reclutan para el estudio, o las variables que se miden, o la forma en que se analizan los datos, o la forma en que presentan sus resultados, o como determinados estudios llegan a ser publicados en revistas médicas.

En el citado papel (“Porque la mayoría de..”), después de examinar la problemática y razonar los motivos, Ioannidis extrae seis corolarios:
Corolario 1 : Cuanto más pequeños los estudios realizados en un campo científico, menos probable es que los resultados de las investigaciones sean ciertos.
[Y el tamaño de la muestra está directamente ligado con el presupuesto para el estudio]
Corolario 2 : Cuanto menor sea la medida del efecto investigado en un campo científico, menos probable es que los resultados de las investigaciones sean ciertos.
[Es muy difícil probar que un medicamente es tan solo algo mejor que otro]
Corolario 3 : Cuanto mayor sea el número y menor la selección de las relaciones a probar en un campo científico, menos probable es que los resultados de las investigaciones sean ciertos.
[Es más fácil que fallen los experimentos poco definidos generadores de hipótesis, que los ensayos destinados a verificar o refutar una sola hipótesis]
Corolario 4 : Cuanto mayor sea la flexibilidad en los diseños, las definiciones, los resultados a medir y los modos de análisis en un campo científico, menos probable es que los resultados de las investigaciones sean ciertos.
[Flexibilidad es el inverso de rigor. Adhesión a los estandares comunmente aceptados tiende a aumentar la proporción de resultados verdaderos. Lo mismo se aplica a la medición de los resultados. Es más probable obtener resultados ciertos cuando se hacen mediciones inequívocas y universalmente aceptadas (por ejemplo, la muerte) y al revés cuando las variables medidas son artificios (por ejemplo, las escalas para medir la esquizofrenia)]
Corolario 5 : Cuanto mayores los intereses financieros y otros intereses y los prejuicios en un campo científico, menos probable es que los resultados de las investigaciones sean ciertos.
[esto es fácil de entender pero más complejo de lo que parece a simple vista; y merece capítulo aparte]
Corolario 6 : Cuanto más activo es un campo científico (con más equipos científicos involucrados), menos probable es que los resultados de las investigaciones sean ciertos.
Este corolario aparentemente paradójico procede porque, como se mencionó anteriormente [en el documento], el valor predictivo positivo de hallazgos aislados disminuye cuando muchos equipos de investigadores participan en el mismo campo. Esto puede explicar por qué en ocasiones vemos mucha excitación seguida rápidamente por notorias decepciones en los campos que atraen la atención. Con muchos equipos trabajando en el mismo campo y con los datos experimentales que se producen masivamente, el tiempo es de la esencia en la batalla contra la competencia. Así, cada equipo podrá dar prioridad a la búsqueda y difusión de sus más impresionantes resultados "positivos". Los resultados "negativos" pueden llegar a ser atractivos para la difusión si algún otro equipo ha encontrado una asociación "positiva" sobre la misma cuestión. En ese caso, puede ser atractivo para refutar una afirmación hecha en una revista prestigiosa. El término 'fenómeno Proteo' ha sido acuñado para describir el fenómeno de la rápida alternancia de pretendidos logros extremos y refutaciones opuestas también extremas.
[¿ Recuerdan el relato de James D. Watson en “ La doble hélice ”, la historia del descubrimiento de la estructura del ADN ? Y era en los años 50 ... ]
Ioannidis se interesa por la investigación científica y las dificultades a que se enfrenta, sin hacer especial hincapié en un tipo u otro de dificultades. Por ejemplo, argumenta que la potencia de contraste usada comunmente de 0,05 para el p-valor, debería ser de tan solo del 0,00000005 en el campo de la genómica (porque en este campo hay muchos científicos y muchos estudios en marcha).

La ciencia no es nunca neutra y, por mi parte, estoy más interesado en la aplicación del conocimiento científico. Considero que no es lo mismo equivocarse en la estimación de la constante cosmológica que recomendar la terapia de reemplazo hormonal (H.R.T.) a todas las mujeres a partir de la menopausia, con el resultado de un número indeterminado pero presumiblemente elevado de muertes prematuras .

Recapitulando, ‘ la ciencia detrás de las recetas ', aquello que justifica e induce a recetar algunos medicamentos, puede fallar por motivos muy distintos, a veces varios de ellos. Dejando de lado momentáneamente el tema del diagnóstico, nos encontramos creyendo en el poder curativo (o, al menos, paliativo) de un fármaco, cuyas virtudes se han desvelado por unos estudios susceptibles, como mínimo, de los siguientes tipos de errores:
•  Poco presupuesto y muestras reducidas.
•  Poca pericia estadística por parte de los investigadores (aunque posiblemente acompañada de grandes conocimientos en medicina).
•  Ideas no suficientemente maduras y/o pereza y/o falta de tiempo para hacer un buen diseño del experimento, que proporcione resultados claros.
•  Prisa por verificar una hipótesis que satisface la vanidad del investigador.
•  Presión por verificar unas hipótesis favorables a los intereses económicos del patrocinador (y/o empleador). Lo que en su versión mayor es descarada mala fe (del patrocinador y/o del investigador) y obliga a soslayar todo aquello discordante con el resultado deseado.
Todas estas fuentes de error requieren, para traducirse en tratamientos adversos, de la colaboración de facultativos que admitan sin más las afirmaciones del vendedor , de las grandes compañías farmacéuticas. Es decir, suficientemente perezosos y/o crédulos, o suficientemente interesados en los beneficios de colaborar con la industria farmacéutica (al ser ajeno al sector jamás he disfrutado de las visitas de los visitadores, pero sí he tenido ocasión de observar los beneficios que reportan a los visitados).

Quizá alguno recuerde una película basada en un una obra de Dürrenmatt y que en español se tituló ‘ La visita del rencor '. En ella Ingrid Bergman mostraba de forma magistral como se compra a un montón de gente (en este caso un pueblo entero, y por venganza). Lo menciono porque a veces se tiende a pensar que ‘hay que caer muy bajo para venderse', pero cuando hay medios y habilidad, pocas personas mantienen invariables sus puntos de vista y valores.

Una simple búsqueda (Google) de titulares encuentra (agosto 2011): “ Se triplica el consumo de antidepresivos en diez años en España ”, “ Prisiones Gastó 171 Millones de Euros en Olanzapina ”, “ El consumo de psicofármacos, es decir, antidepresivos, antipsicóticos, antiepilépticos y ansiolíticos e hipnóticos, ha aumentado de forma considerable en los últimos años. Este grupo de fármacos acaparó el 16,6% del gasto farmacéutico del Instituto Catalán de Salut ”, etc. Nota: estamos en época de grandes recortes en la sanidad pública.

Como soy aficionado en mirar aquí y allí (¿estrabismo psíquico?) me encuentro con lo que dice un estudio relativamente reciente (3 años) de la OMS titulado “ Tratamiento de la esquizofrenia en el mundo en desarrollo: análisis interregional y multinacional de la costoeficacia ”. Se concluye que:
Las intervenciones más costoeficaces fueron las basadas en el uso de los medicamentos antipsicóticos más antiguos unidos a tratamiento psicosocial, en el marco de un modelo de servicios basados en la comunidad ... Se calcula que la relación costo-eficacia relativa de las intervenciones basadas en medicamentos antipsicóticos «atípicos» más nuevos es mucho menos favorable.

Mirando también un poco de lado, me llama la atención como la administración pública edita una Guía de Práctica Clínica sobre el TDAH que cuando se examina con un poco de atención  hay que ponerle humor para no llorar.

El premio Nobel de Química 2009, el estadounidense Thomas Steitz, denunció este viernes (26/08/2011) en Madrid el hecho de que los laboratorios farmacéuticos no investigan antibióticos efectivos y añadió que " no quieren que la gente se cure ". Prefieren centrar el negocio en medicamentos que sea necesario tomar durante "toda la vida". Entrevista .

Sorprende pues -y anima- que, a pesar de la tendencia imperante, un buen número de profesionales psi se ocupen principalmente del paciente. Por ejemplo, estos: La otra psiquiatría . O estos: Revisando la idea de locura . O estos: Saltando Muros . Y otros muchos que no voy a listar porque de todos modos me iba a descuidar algunos.

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lunes, 5 de septiembre de 2011

Cuando las barbas de tu vecino ...



Ell pasado 5 de Junio se aprobó en Francia la ley "de los derechos y la protección de las personas bajo tratamiento psiquiátrico y las modalidades de hacerse cargo de ellas". Si el T.A.I. [Tratamiento Ambulatorio Involuntario] o el artículo 763 "Internamiento no voluntario por razón de trastorno psíquico" de la Ley 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil (y su propuesta de modificación) crean dudas en muchos y profundo rechazo en algunos, lo que acaban de poner en marcha nuestros vecinos es un paso más allá. Diferentes medios se hacen eco de ello. Por ejemplo, aquí y aquí (todos en francés).
Leo del artículo en la Red Voltaire:
    [esta ley] opera una nueva excepción al consentimiento general requerido del paciente. La noción existente de hospitalización forzada es extendida a la de cuidados forzados. Haciendo posible, de este modo, una supervisión del paciente en su propio hogar, suprimiendo de paso la separación entre lo público y privado. La capacidad de todo paciente de circular libremente será estrictamente controlada por un "plan de atención" que fijará el escenario, el contenido y la frecuencia de las citas médicas, con la amenaza de ser hospitalizados 'de oficio' si un componente del protocolo no se cumple estrictamente.

El artículo citado examina más cuestiones; relaciona la citada ley con otra ley que criminaliza la prostitución y con algunos contratos de trabajo que prohíben expresamente el suicidio, llegando a la conclusión que "la disociación de la propiedad de uno mismo resulta ser un paradigma de la posmodernidad".

No hay que ser alarmistas, pero creo que son más útiles los 'avisos para navegantes' que los sueños de 'bonanza' eterna y ubicua.