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viernes, 17 de mayo de 2013

Big Pharma 2 (el despegue)




Cuando finaliza el siglo XIX, Europa y el resto del mundo han cambiado enormemente. La aristocracia tradicional ha perdido su primacía y los propietarios de las cada vez mayores industrias incrementan su poder. Hábitos y modos de hacer se transforman. Una proporción cada vez mayor de la población se concentra en las ciudades y la noche se ilumina con luz del gas producido en fábricas. El tejido se fabrica industrialmente y se le añade un colorido anteriormente reservado a los más poderosos. Al principio del siglo XIX los ejércitos adoptaron el sable como arma de la caballería, al acabar el siglo se usan armas de fuego automáticas. La humanidad ha padecido la primera guerra en causar más de un millón de muertos. Los conflictos sociales y de clase adquieren forma y peso: aparecen nuevos enfoques teóricos y nuevas formas de organización.

La transformación de algunas materias naturales en utensilios más o menos complicados forma parte del comportamiento característico de la especie humana. Y la industrialización puede considerarse como una prolongación -exagerada, si se quiere- de la producción artesana. Pero la industria química es algo nuevo. Cual moderno Prometeo, crea substancias nuevas -inexistentes en la naturaleza-, con las propiedades deseadas para un fin particular. Eso es exactamente lo que en 1910 hará Ehrlich en el ensayo nº 606 con el que, finalmente, conseguirá su propósito (y será el primer antibiótico sintético).

A finales del siglo XIX se había logrado producir, a partir de la celulosa vegetal, un producto con propiedaes nuevas: el celuloide. En 1907 Leo Baekeland sintetiza el primer plástico: la bakelita (en los mercados de antiguallas todavía se encuentran interruptores de bakelita). La industria química abría un nuevo campo, el de los materiales sintéticos, eso tan común hoy en día que el producto natural ha devenido raro. En 1929 Eduard Tschunker y Bock Walter conseguirían el primer caucho sintético utilizable en sunstitución del natural, el butadieno-estireno o 'buna'. En 1933, Reginald Gibson y Eric Fawcett sintetizarían el polietileno (principal componente del futuro gran basurero del pacífico).

Al principio del siglo XIX la farmacopea era la misma que cien años antes, pero al acabar el siglo algunas cosas han cambiado. Desde los inicios del siglo se extraen los principios activos de algunas plantas. Pero, además, la ciencia química avanza veloz. En 1828, Johann Buchner logra aislar el principio activo de la corteza de sauce, al que llama salicina. Ese mismo año, Wöhler logra por primera vez la síntesis de sustancias orgánicas (oxalato amónico y urea), algo considerado imposible hasta ese momento. En 1853 Charles Frédéric Gerhardt sintetiza el ácido acetil salicílico (la 'salicina') y en 1897 Felix Hoffmann, de la Bayer, logra hacerlo con gran pureza; dos años después se comercializa la Aspirina (en 2008 se estimó que el consumo mundial es de unos cien millones de comprimidos diarios). Unos años antes la misma empresa había iniciado la fabricación y comercialización del primer medicamento sintético, el analgésico acetofenidina, precedente del futuro paracetamol.

Siguiendo el paralelismo con el mito de Prometeo la química, además de traer grandes beneficios, libera los males anteriormente encerrados en una caja. "Sedare dolorem opus divinum est". En la guerra de secesión norteamericana (1861-1865) se usó, por primera vez de modo amplio, el uso de opiáceos para las heridas de guerra: y apareció la primera generación de junkies. No de personas que huyen de una vida que les parece insoportable, ni de refinados poetas experimentando nuevas sensaciones, sino de personas a quienes se había aplicado con fines terapéuticos el opio o sus derivados y se habían quedado enganchados. A finales del siglo XIX la naciente industría farmacéutica separaba componentes del opio y los vendía alegremente. Cocaína para el dolor de muelas. Heroína para aliviar a los niños la irritación producida por la tos. La legislación protectora del usuario avanza lentamente, siempre a remolque de las grandes desgracias.


A principios del siglo XX, en Europa y en USA la esperanza de vida de los ciudadanos se había incrementado a raíz de las medidas higiénicas que se popularizaban. No fué fácil convencer a los médicos de que se lavaran la manos, pero poco a poco se difundió la práctica. No obstante, una simple neumonía equivalía a una sentencia de muerte. En 1918 la pandemia de gripe llamada 'española' causó más muertes que las batallas de la I Guerra Mundial.

Los colorantes no solo se utilizaban para teñir géneros textiles, se había observado que la tinción de tejidos orgánicos permite distinguir diferentes tipos de células (todavía decimos bacterias Gram positivas de aquellas que adquieren un color morado con la tinción de Gram). A Gerhard Domagk, trabajando para la Bayer, hacia 1930 se le ocurrió que, de la misma manera, un colorante podría fijarse selectivamente a las células dañinas y desactivarlas de algún modo. Descubrió que el colorante Prontosil hacía precisamente esto en muchas infecciones por estreptococos. Resultó que el colorante no era propiamente un antibiótico, pero uno de los productos de su metabolismo en el cuerpo, la sulfanilamida, sí. Nacía el primer antibiótico artificial de amplio espectro, y pronto seguirían algunos derivados. Muchos miles de personas les deben la vida.

En 1937 S.E. Massengill Company, fabricante de productos farmacéuticos, creó una preparación de sulfanilamida en forma de elixir. Utilizó como excipiente dietilenglicol (el anticongelante más usado en automoción). Por lo menos 100 personas murieron intoxicadas. Y otra vez, después del desastre, aparecieron leyes regulando algunos aspectos de la industria farmacéutica.

Desde antiguo y en diferentes culturas se había observado que aplicando productos naturales enmohecidos a las heridas se evitaban complicaciones y gangrenas. En 1928 Alexander Fleming investigó de modo sistemático posibles antibióticos naturales. Con la ayuda del azar descubrió que un cultivo del hongo Penicillium Notatum difundía una substancia que mataba las baterias del género Staphylococcus. En pocos años se consiguió aíslar el producto y se encontraron otras variedades de Penicillium que producían más cantidad de esta substancia, la penicilina, así como maneras de modificarla químicamente para conseguir derivados más activos.  En 1940 una dosis de penicilina tenía un costo prohibitivo para la mayoría de personas, en 1943 ya costaba 20$ y en 1946 ya solo costaba 0,55$ por dosis (aprox. el salario por hora de un empleado). Es imposible calcular el número de personas que salvaron la vida gracias a este antibiótico (entre otros, a mi abuelo materno).

El campo de los productos que matan o inhiben la reproducción de gérmenes estaba en efervescencia. En 1944, Selman Abraham Waksman, un biólogo norteamericano, puso en marcha un programa de investigación con el objeto de aislar este tipo de sustancias (y da vida a la palabra 'antibiótico'). Aparecen muchos nuevos productos: Estreptomicina (1944), Cloramfenicol (1947), Neomicina (1949), Tetraciclina (1953), etc. Es la década dorada de la industria farmacéutica.

Además de una época de bonanza para la salud, es una época de auge económico para la industria farmacéutica. Se fomenta el uso de antibióticos para todo. En el engorde de ganado se convierten en un producto standard como 'preventivo' de infecciones. De muchos patógenos van apareciendo cepas resistentes a los antibióticos del momento pero también aparecen nuevos derivados de los antibióticos conocidos y, también, algunos totalmente nuevos.


Con la ya clásica alianza del azar y del tesón investigador aparecen nuevos medicamentos, como lo clorpromazina. Gracias a la confianza ganada por sus fármacos efectivos, a la industria no le resulta dificil introducir nuevos productos. Estamos en la época de 'pastillas para todo'. Y en 1958 la empresa Grünenthal pone a la venta un calmante para las náuseas del embarazo, la Talidomida. Se descubrió a posteriori que la molécula de este fármaco podía adoptar dos formas, dos enantiómeros (los mismos átomos, enlazados de la misma manera, pero con distinta disposición en el espacio). La una actuaba exactamente como decían los prospectos. La otra no. Miles de bebés nacieron en todo el mundo con severas malformaciones irreversibles. (En algunos países no se autorizó su venta. En USA se salvaron gracias a la firmeza y rectitud profesional de Frances Oldham Kelsey, farmácologa de la FDA que, a pesar de las presiones, se negó a otorgar la autorización).


Ese fue un auténtico terremoto, no porque hubiera más afectados que por otros desastres sino porque sus resultados estaban a la vista y horrorizaban al público general. Cambiaron muchas cosas, pero no todos los cambios se dieron en la dirección del interés de los ciudadanos.


[próxima entrega: la toma del poder]

miércoles, 24 de abril de 2013

Big Pharma 1 (el principio)




A menudo, al hablar de ‘Big Pharma’ (las grandes compañías farmacéuticas), parece al recien llegado que se esté demonizando a unas empresas que simplemente se dedican a su negocio. Resulta difícil comprender, y aún más hacer comprender, como funciona esto. No es tan sencillo como una película de buenos y malos, pero ciertamente los bienes y los males aportados son enormes. Como su acumulación de poder.

John le Carré, el escritor de novelas de espionaje (autor, entre otras obras que se han llevado al cine, de El espía que surgió del frío), nos cuenta [aquí]:
“...y de todos estos crímenes del capitalismo salvaje, cuando comencé a buscar una historia que ilustrara este argumento en mi reciente novela [El jardinero fiel], me pareció a mí que la industria farmacéutica ofrecía el ejemplo más elocuente. Podría haber ido a por el escándalo del tabaco con aditivos, diseñado por los fabricantes occidentales para producir  adicción, y de paso cáncer, en las comunidades del Tercer Mundo ya afectadas por el SIDA, la tuberculosis, la malaria y la pobreza en una escala que pocos de nosotros podemos llegar a imaginar.
Podría haber ido a por las compañías petroleras, y la impunidad con la que Shell, por ejemplo, provocó una inmensa catástrofe humanitaria en Nigeria, desplazando a las tribus, contaminando su tierra y provocando un levantamiento que condujo a pseudo-tribunales y a la vergonzosa tortura y ejecución de hombres muy valientes por parte de un régimen totalitario perverso y corrupto.
Pero el mundo de las multinacionales farmacéuticas, una vez que entré, me agarró por el cuello y no me soltó. BigPharma, como se las conoce, lo ofrecía todo: las esperanzas y sueños que tenemos de él, su vasto, en parte realizado, potencial para el bien; y su oscuro lado oculto, sostenido por enormes riquezas, un secretismo patológico, corrupción y codicia.”

El tema de Big Pharma es muy debatido, recientemente el “Salvados” de Jordi Evole (en la Sexta) dedicó un excelente programa a ‘sobremedicación’ (aunque demasiado breve para el tema). En la web se encuentran infinidad de artículos y blogs denunciando abusos. Una búsqueda en google de ‘big pharma’ encuentra 56 M de resultados. Este documental (en inglés) describe bastante bien de qué hablamos. Y aquí (en italiano) Beppe Grillo nos recuerda la historia reciente. Y este testimonio (en francés) lo explica en palabras sencillas. Y este ex-vendedor (en inglés subtitulado español) nos narra su experiencia. Aquí, Teresa Forcades hace algunas puntualizaciones. Aquí nos cuentan, desde Perú, su forma de negociar tratados. etc. etc.

En resumen, ¿que hacen las empresas 'Big Pharma' que pueda considerarse reprobable?
En tres palabras: engañar, pervertir y matar. Engañar tergiversando los resultados de estudios científicos, creando falsas expectativas y magnificando temores. Pervertir sobornando a políticos y a profesionales de la salud. Matar comercializando productos de los que se ignoran los efectos a largo plazo; o bien, a pesar de conocerse efectos adversos, éstos se esconden y se comercializa el producto.

¿Exageración? Engañar: si realmente estás interesado googlea 'Ben Goldacre', o lee este artículo en PLOS Medicine (uno de los más citados de todos los tiempos), o investiga sobre la 'pandemia' de gripe A. Pervertir: ¿sabía Vd. que en Washington Big Pharma mantiene más lobistas que cualquier otro sector (incluidos petroleras y armamentistas); en concreto hay registrados 2,5 lobistas por cada senador y representante? ¿Qué las empresas de Big Pharma gastan más en marketing que en investigación? ¿Que 'miman' a los médicos con regalos de valor proporcional al número de recetas que emiten? ¿Que, siendo los principales financiadores de la investigación médica, los estudios contrarios a sus intereses son casi imposibles? Matar: para no entrar en detalles, ¿sabía Vd. que el año siguiente a la retirada del mercado de Vioxx -2004-, en USA murieron 500.000 personas menos de lo habitual? (precisamente entre los principales consumidores de Vioxx, es decir mayores de 60 años y lo que disminuyó fueron los accidentes cardiovasculares).


Vayamos por partes, Big Pharma ¿Quienes son?

La siguiente lista muestra las doce mayores compañías en la industra farmacéutica ordenadas por volumen de ventas de acuerdo con sus reportes anuales correspondientes a 2.009
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_pharmaceutical_companies
No son las únicas, hay más. Prácticamente todas, en algún momento han tenido que justificar ante la justicia algunas de sus acciones. No estamos hablando de errores puntuales sino de una forma sistemática de actuar; este negocio rinde tanto, que permite –-desahogadamente- pagar multas o indemnizaciones de tanto en tanto.

Puesto
Compañía
País
Ventas
(M de USD)
Beneficios
(M de div. especif.)
Gastos en I+D
(M de div. especif.)
Ranking
Fortune 500
Año de fundación
1
Johnson & Johnson USA
61.900
$12.266
6.986
103
1.886
2
Pfizer USA
50.010
8.635
7.845
152
1.849
3
Roche Suiza
47.350
CHF 8.510
CHF 9.874
171
1.896
4
GlaxoSmithKline UK
45.830
£5.669
£4.106
168
* 1.842
5
Novartis Suiza
44.270
$8.454
$7.469
183
* 1.859
6
Sanofi Francia
41.990
€8.471
€4.583
181
* 1.863
7
AstraZeneca UK/Suecia
32.810
$7.544
$4.409
268
* 1.913
8
Abbott Laboratories USA
30.760
5.746
2.744
294
1.888
9
Merck & Co. USA
27.430
$13.024
$5.800
378
* 1.668
10
Bayer HealthCare Alemania
22.300
€1.696
€1.845
154
1.863
11
Eli Lilly USA
21.840
$4.328
N/A
455
1.878
12
Bristol-Myers Squibb USA
18.810
$4.420
3.647
435
* 1.858
* Año de fundación del más antiguo de sus componentes o precedentes (en compañías fusionadas o escindidas)


"Si queremos ver lo que hay ante nosotros debemos mirar para atrás"
-Albert Szent-Györgyi (Premio Nobel de Fisiología y Medicina 1.937)

Para intentar comprender como hemos llegado a la situación actual he repasado sus orígenes históricos. La industra farmacéutica nace con la industria química, esto es, en el siglo XIX -hace siglo y medio. Podría considerarse un 'spin off' de ésta pero, de hecho, no es algo distinto sino una parte de ella. Tanto la industria farmacéutica como la química en general arrastran los mismos 'tics' y formas de proceder; para bien y para mal. Intentaré resumir estos orígenes.

Cuando entramos en el siglo XIX, Europa está en efervescencia. Durante el siglo anterior, calificado de la “ilustración” o “de las luces”, han ocurrido muchos menos conflictos armados que en épocas anteriores, pero ha finalizado con la revocación violenta del “Ancien Régime”. A la supresión de los privilegios feudales ha seguido el reinado del terror. Se decapitó un rey y se proclamará un emperador (que necesitará civilizar a toda Europa para que floreza su imperio).

Un aristócrata italiano muestra a todo el mundo un nuevo descubrimiento al que llama ‘electricidad’. Los avances científicos se plasman en la industrialización. Artesanos pierden un oficio rentable al tiempo que las fábricas requieren mano de obra barata. La producción agrícola, ahora mayor que en épocas pasadas, fluye hacia las ciudades: sin transporte rápido, ni refrigeración, ni conservantes. La esperanza de vida de las clases poco adineradas disminuye.

Pero los períodos turbulentos son, también, tiempos de oportunidades. Durante el siglo XIX se crearán las principales fortunas que siguen operando hoy en día. El primer Rockefeller llegará a constituír el arquetipo de multimillonario, principalmente a partir de actividades industriales (petróleo). Los Rothschild ya son ricos mediante actividades financieras, el XIX será su expansión.

No existe una industria química como tal, aún cuando algunas actividades ya se realizan a relativamente gran escala. Un hospital que será famoso -la Salpêtrière- se construyó sobre un antiguo polvorín y fábrica de pólvora. La farmacología no obtendrá su primera cátedra (en la Universidad de Tartu -Estonia) hasta 1.847. Pero ha empezado ya el maridaje con la química: se concentran preparados de herboristería y, en algunos casos, se aísla su principio activo, lo que se había llamado su 'quintaesencia'.

Hay que mencionar un precedente importante. En el siglo XVII, Johann Rudolf Glauber, había descubierto un método para preparar ácido clorhídrico por medio de la acción del ácido sulfúrico sobre la sal común. En el proceso obtuvo un residuo, el sulfato sódico, que actualmente se sigue llamando "sal de Glauber". La llamó "sal mirabile" ("sal maravillosa", un precedente del actual MMS) y la consideró como un curalotodo, casi el elixir de la vida. Glauber se dedicó a la fabricación de este compuesto, así como de otros que consideró de valor medicinal y que también resultaron ser de gran valor como modo de ganarse la vida. Si bien esta ocupación era menos espectacular que la supuesta fabricación de oro de los alquimistas, había encontrado una manera de sacar provecho tangible a este tipo de actividades.


La luz de gas que se popularizó en el siglo XIX dejaba, en su producción a partir de la hulla, un residuo –el alquitrán de hulla- del que había que desahacerse. August Wilhelm Hofmann estaba convencido de que podían producirse sustancias útiles a partir de este alquitrán o de alguno de sus destilados. En 1.856, el joven William Henry Perkin (18 años), cumpliendo los deberes encargados por su profesor Hofmann, intenta producir quinina oxidando anilina. Para su sorpresa, obtiene un precipitado negruzco. Al limpiar el frasco con alcohol, descubre un color púrpura. Prosigue sus experimentos en un cobertizo con ayuda de su hermano y un amigo. Al poco patenta su descubrimiento, el primer colorante sintético y establece una industria para su fabricación. (Esta síntesis puede considerarse el pistoletazo de salida de la gran industria química, impulsada inicialmente por la fabricación de tintes. Al poco tiempo la industria alemana toma ventaja, y los jóvenes Estados Unidos no tardan en formar parte del club)

En 1.847 Ascanio Sobrero, estudiante en la universidad de Turin, experimentando con ácidos minerales y compuestos orgánicos, produce nitroglicerina, el primer explosivo más potente que la pólvora y advierte vigorosamente sobre lo peligroso de su uso. Con otra mentalidad, Alfred Nobel inicia su fabricación y comercialización. Diversos accidentes le impulsan a buscar una manera de mejorar su manejabilidad. En 1.867 iniciará la producción y comercialización de la dinamita, lo que le reportará ingentes beneficios (se ha dicho que la institución de los famosos premios era un intento de lavar su conciencia).

En 1.863 Julius Wilbrand logra la fabricación del trinitrotolueno. Se usa como colorante amarillo para lana. Algunos años después se aprecia y valora más su poder explosivo, de gran potencia y estabilidad.

Los colorantes y los explosivos constituyen los pilares sobre los que se asienta la industria química. En realidad son, desde el punto de vista químico, muy similares. Resulta natural producir ambos tipos de productos en la misma fábrica (como esta).

En un post no se puede condensar la historia de un siglo, pero los hitos apuntados ilustran el modo de proceder que mencionaba antes. Resalto algunos de estos 'tics'.


Sentido de la Oportunidad. Aprovechar 'lo que hay'. Aún cuando pueda parecer sin valor, incluso un engorro, si se dispone de alguna sustancia hay que buscarle utilidad; y si se le encuentra otra utilidad más rentable, cambiar su modo de utilización. Actualmente, la compañía que posee la patente de un producto le busca aplicaciones. Se diría que es más fácil encontrar una enfermedad para un fármaco, que desarrollar un fármaco para una enfermedad.

Sagacidad. El azar juega siempre un rol muy importante; a menudo se encuentra lo que uno no se esperaba, pero hay que darse cuenta inmediatamente para ser capaz de aprovecharlo. Esto es cierto para el precipitado negro de Perkin, o para el cultivo bacteriano contaminado por hongos de Fleming, o para el comentario sobre "un efecto secundario nada desagradable" aportado por uno de los primeros probadores del vasodilatador sildenafilo.


Desapego. Para hacer negocio hay que desentenderse de lo que ocurre con lo vendido. Y con los subproductos. Los explosivos tienen utilidad para obras civiles, pero el consumo masivo solo se produce en los conflictos bélicos que, obviamente, no conciernen a los fabricantes. Quizá resulte ilustrativo recordar las Guerras del Opio (cuando el Emperador Chino se opuso a que los  ingleses pagaran con opio sus compras, creando un importante problema de salud en China), o todos los tipos de vertidos 'incontrolados', sean de la industria petrolera, de la minería o los más pequeños -pero no menos tóxicos- de otras industrias químicas. (Ejemplos: Aznalcóllar, Deepwater Horizon, Flix)

Hay otro importante 'tic' para el que todavía no he mencionado ejemplos.

La Tenacidad. Cuando algo funciona, hay que sacarle provecho. Si, por ejemplo, se dispone de un colorante con buenas propiedades, probar modificaciones de la misma molécula para conseguir otra con las mismas propiedades y otro color. Este mismo proceder lo adoptó Ehrlich, a principios del siglo XX, para 'envolver' un átomo de arsénico de modo que matara al Treponema pallidum  sin dañar al enfermo de sífilis. 605 intentos fallaron pero el ensayo 606 constituyó la primera substancia sintética en curar una enfermedad infecciosa.

Sagacidad, tenacidad y sentido de la oportunidad constituyen virtudes deseables para cualquier directivo, investigador, o simplemente 'profesional' genérico. Solo pueden considerarse características negativas cuando se mezclan con la clase de desapego que he mencionado, esta peculiaridad de carácter que si alcanza cotas más altas se llama psicopatía.

Al tiempo que nacían las industrias químicas, fabricando colorantes y explosivos, se gestaba su tercera pata, la de los fármacos. Inicialmente era una actividad simplemente adicional, estaba lejos aún de mostrar su potencial.

(este cartel del Hamlin's Wizard Oil data de 1.861, como puede observarse, un remedio no es algo distinto de una atracción de feria)

El Jarabe calmante de la Sra. Winslow,  reputado como ‘capaz de calmar cualquier persona o animal’  (su principal componente era el sulfato de morfina) se comercializó en USA desde 1.849 y, en su último reducto -Gran Bretaña- no dejó de venderse hasta 1.930.

La legislación acerca de la seguridad de los fármacos se ha ido construyendo a partir de los desastres causados por productos defectuosos, poco probados, o con efectos adversos conocidos de antemano. Y hasta el presente las compañías farmacéuticas han ido encontrando vías para eludir o soslayar el control y desresponsabilizarse de los daños causados.


[próxima entrega: el despegue]


miércoles, 26 de diciembre de 2012

La familia




En estas fechas encuentro oportuno traer a la memoria un escrito de G.K.Chesterton a propósito de la familia, esa colección de seres humanos con los que mantenemos relación independientemente de las mutuas filias y fobias. Estuve tentado de subrayar algunos párrafos pero resistí esa tentación de dismular otros pasajes.


 "La aventura de la familia"
 G. K. Chesterton

La familia puede muy bien ser considerada, así habría que pensarlo al menos, como una institución humana fundamental. Todos admitirán que ha sido la célula principal y la unidad central de casi todas las sociedades que han existido hasta ahora, con la excepción, la verdad sea dicha, de algunas sociedades como aquella de Lacedemón que optó por la «eficiencia» y que, en consecuencia, ha perecido sin dejar ni rastro. El cristianismo, por enorme que fuera la revolución que supuso, no alteró esta cosa sagrada, tan antigua y salvaje; no hizo nada más que darle la vuelta. No negó la trinidad de padre, madre y niño. Sencillamente la leyó al revés, haciéndola niño, madre y padre. Y ésta ya no se llama la familia, sino Sagrada Familia, pues muchas cosas se hacen santas sólo con darles la vuelta. Pero algunos sabios de nuestra propia decadencia han lanzado un serio ataque a la familia. La han atacado, y me parece que de manera equivocada; y sus defensores la han defendido, y lo han hecho de manera equivocada. La defensa más común de la familia es que, en medio de las tensiones y cambios de la vida, resulta un sitio pacífico, cómodo y unido. Pero es posible otra defensa de la familia, y a mí me parece evidente; consiste en decir que la familia no es ni pacífica, ni cómoda, ni unida.

La familia como institución en el mundo moderno

Hoy día no está muy de moda cantar las ventajas de la comunidad pequeña. Se nos dice que debemos lanzarnos a por grandes imperios y a por grandes ideas. Hay una ventaja, sin embargo, en el estado, en la ciudad o en el pueblo pequeño que sólo los que quieren ser ciegos pasarán por alto. El ser humano que vive en una comunidad pequeña vive en un mundo mucho más grande. Sabe mucho más de las variedades feroces y las divergencias inflexibles de los hombres. La razón es obvia. En una comunidad grande podemos elegir nuestros compañeros. En una comunidad pequeña nuestros compañeros nos vienen dados. Así en todas las sociedades grandes y altamente civilizadas se forman grupos fundados sobre lo que se llama simpatía y que silencian al mundo real de modo más cortante que las puertas de un monasterio. Lo cierto es que no hay nada pequeño o limitado en el clan o en la tribu; lo que es de verdad pequeño y limitado es la pandilla o el corrillo. Los que forman un clan viven juntos porque todos se visten con el mismo tartán o porque todos descienden de la misma vaca sagrada; pero en sus almas, por una suerte divina de las cosas, siempre habrá más colores que en cualquier tartán. Los que forman una pandilla o un grupo viven juntos porque tienen el mismo tipo de alma, y su estrechez es una estrechez de coherencia y satisfacción espiritual, como la que hay en el infierno. Una sociedad grande existe para formar grupillos. Una sociedad grande es una sociedad para la promoción de la estrechez. Es una maquinaria para proteger al individuo solitario y sensible de toda experiencia de los amargos y fortalecedores compromisos humanos. En el sentido más literal de las palabras, es una sociedad para la prevención del conocimiento cristiano.

Podemos ver este cambio, por ejemplo, en la transformación moderna de lo que se llama el club. Cuando Londres era más pequeño, y sus barrios más reducidos y familiares, el club era lo que es todavía en los pueblos, lo opuesto de lo que es ahora en las grandes ciudades. Se consideraba entonces como un lugar en donde una persona podía ser sociable. Ahora el club se valora como el lugar en donde puede uno ser insociable. Cuanto más grande y elaborada es nuestra civilización tanto más deja de ser el club un lugar donde uno puede tener un argumento ruidoso, y se convierte en un lugar en donde uno puede comer a solas, por su cuenta, sin que nadie le moleste. El objetivo es que se sienta cómodo, y hacer a un hombre cómodo es hacerle todo lo opuesto a sociable. La sociabilidad, como todas las cosas buenas, está llena de incomodidades, peligros y renuncias. El club tiende a producir la más degradante de todas las combinaciones-el anacoreta de lujo, el hombre que combina la indulgencia voluptuosa de Lúculo con la soledad insana de Simeón el Estilita.

Si mañana por la mañana una enorme nevada no nos dejara salir de la calle en que vivimos entraríamos de repente en un mundo mucho más grande y mucho más insólito que cualquier otro que hayamos imaginado. Pero todo el esfuerzo de la persona moderna típica es huir de la calle en la que vive. Primero inventa la higiene moderna y se va a Margate. Luego inventa la cultura moderna y se va a Florencia. Después inventa el imperialismo moderno y se va a Tombuctú. Se marcha a los bordes fantásticos de la Tierra. Pretende cazar tigres. Casi llega a montar en camello. Y al hacer todo esto está todavía esencialmente huyendo de la calle en la que nació; y siempre tiene a mano una explicación de esta fuga suya. Dice que huye de su calle porque es aburrida. Miente. La verdad es que huye de su calle porque es demasiado excitante. Es excitante porque es exigente; es exigente porque está llena de vida. Puede visitar Venecia tranquilo porque para él los venecianos no son nada más que venecianos; los habitantes de su propia calle son hombres y mujeres. Puede quedarse mirando a un chino porque para él los chinos son algo pasivo que hay que mirar; si se le ocurre mirar a la vieja señora en el jardín de al lado, la anciana se pone en movimiento. Está forzado a huir, para decirlo en breve, de la compañía demasiado estimulante de sus iguales-de seres humanos libres, perversos, personales, deliberadamente diferentes de él-. La calle en Brixton resplandece demasiado y resulta abrumadora. Tiene que apaciguarse y calmarse entre los tigres y los buitres, los camellos y los cocodrilos. Estas creaturas, sin duda alguna, son muy diferentes de él; pero no ponen su figura o color o costumbres en decisiva competición intelectual con los rasgos suyos propios. No pretenden destruir sus principios y reafirmar los suyos. Los monstruos extraños de su calle en el barrio pretenden exactamente eso. El camello no contorsiona su anatomía hasta formar una espléndida mofa porque el señor Robinson no tenga una joroba; pero el culto caballero del número 5 sí que exhibe una mofa cuando advierte que el señor Robinson no tiene rodapié en su casa. El buitre no va a estallar de risa si no ve volar a un hombre; pero el comandante que vive en el número 9 se reirá a carcajadas de que tal hombre no fume. La queja que comúnmente tenemos que hacer de nuestros vecinos es que se meten en lo que no les concierne. No queremos decir realmente que no se metan en lo que no les concierne. Si nuestros vecinos no se metieran en lo que no les concierne, les pedirían de repente su renta y rápidamente dejarían de ser nuestros vecinos. Lo que realmente queremos decir cuando exigimos que no se metan en lo que no les concierne es algo mucho más profundo. No nos desagradan por tener tan poca fuerza y energía que no puedan interesarse en sus cosas. Nos desagradan por tener fuerza y energía suficientes para interesarse además en las nuestras. Lo que nos aterra de nuestros vecinos no es la estrechez de su horizonte, sino su espléndida tendencia a ensancharlo. Y todas las aversiones a la humanidad ordinaria tienen este carácter general. No son aversiones a su endeblez (como algunos pretenden), sino a su energía Los misántropos creen que desprecian a la humanidad por su debilidad, pero lo cierto es que la odian por su fuerza.

La gente ordinaria

Por supuesto, esta retirada de la brutal vivacidad y variedad de la gente ordinaria es algo perfectamente perdonable y excusable en tanto en cuanto no pretenda convertirse en una actitud de superioridad Pero cuando se califica a sí misma de aristocracia o esteticismo o de una superioridad sobre la burguesía, no hay más remedio en justicia que señalar su debilidad intrínseca. El fastidio es el más perdonable de todos los vicios; pero es la más imperdonable de todas las virtudes. Nietzsche, que es el representante más destacado de esta pretenciosa demanda del ser fastidioso, tiene en algún lugar de su obra una descripción-muy poderosa desde el punto de vista literario-del disgusto y desdén que le consumen al volver su mirada sobre gente ordinaria con sus rostros ordinarios, sus voces ordinarias, sus mentes ordinarias. Como decía, esta actitud es casi hermosa si podemos clasificarla como patética. La aristocracia de Nietzsche reúne todo el carácter sagrado que pertenece al débil. Cuando nos hace sentir que no puede soportar los rostros innumerables, las voces incesantes, esa omnipresencia abrumadora que pertenece a la muchedumbre, tiene la simpatía o aprobación de cualquiera que haya estado alguna vez enfermo en un barco o cansado en un autobús lleno de gente. Todos hemos odiado a la humanidad cuando hemos sido poco humanos. Todo ser humano ha tenido alguna vez a la humanidad en sus ojos como una niebla sofocante, o en sus narices como un olor sofocante. Pero cuando Nietzsche tiene la increíble falta de humor y de imaginación de pedirnos que creamos que su aristocracia es una aristocracia de músculos fuertes o una aristocracia de voluntades fuertes, se hace necesario mostrar la verdad de las cosas. Y la verdad es que es una aristocracia de nervios endebles.

Nos hacemos nuestros amigos; nos hacemos nuestros enemigos; pero Dios hace a nuestro vecino de al lado. De ahí que se nos acerque revestido de todos los terrores despreocupados de la naturaleza; nuestro vecino es tan extraño como las estrellas, tan atolondrado e indiferente como la lluvia. Es el Hombre, la más terrible de todas las bestias. Por eso las religiones antiguas y el viejo lenguaje bíblico mostraban una sabiduría tan penetrante cuando hablaban, no de los deberes con la humanidad, sino de deberes con el prójimo. El deber hacia la humanidad puede tomar a menudo la forma de alguna elección que es personal y aun agradable. Ese deber puede ser un interés nuestro; puede ser incluso un capricho o una disipación. Podemos trabajar en el barrio más pobre porque estamos especialmente preparados para trabajar en ese barrio, o porque así nos lo parece; podemos luchar por la causa de la paz internacional porque nos gusta mucho luchar. El martirio más monstruoso, la experiencia más repulsiva, pueden ser resultado de elección o de cierto gusto. Puede que estemos hechos de tal forma que nos encanten los lunáticos o que nos interesen especialmente los leprosos. Puede que amemos a los negros porque son negros o a los socialistas alemanes porque son unos pedantes. Pero hemos de amar a nuestro vecino porque está ahí-una razón mucho más alarmante para una obra mucho más seria-. El vecino es la muestra de humanidad que de hecho se nos da. Y precisamente porque puede ser una persona cualquiera, nuestro vecino es todo el mundo. Es un símbolo porque es un accidente.

No hay duda de que los hombres huyen de ambientes pequeños a tierras que son mortíferas de verdad. Pero esto es natural porque no están huyendo de la muerte; están huyendo de la vida. Y este principio se aplica a cada uno de los anillos del sistema social de la humanidad. Es perfectamente razonable que los hombres busquen alguna variedad particular del tipo humano, siempre que busquen esa variedad del tipo humano y no la mera variedad humana. Es perfectamente lógico que un diplomático británico busque la compañía de generales japoneses, si lo que quiere son generales japoneses Pero si lo que quiere es gente diferente de sí mismo, haría mucho mejor en quedarse en su casa y discutir de religión con la sirvienta. Es muy razonable que el genio del pueblo vaya a conquistar Londres si lo que quiere es conquistar Londres. Pero si lo que quiere es conquistar algo fundamental y simbólicamente hostil y además muy fuerte, haría mucho mejor en quedarse donde está y tener una pelea con el párroco de la iglesia. El hombre de la calle de barrio se comporta correctamente si va a Ramsgate por ver Ramsgate-algo bien difícil de imaginar-. Pero si, como él lo expresa, va a Ramsgate «para cambiar», entonces hay que decirle que experimentaría un cambio mucho más romántico y hasta melodramático si saltara por encima del muro al jardín de su vecino. Las consecuencias serían tonificantes en un sentido que va mucho más allá de las posibilidades higiénicas en Ramsgate.

Divergencias y variedades

Ahora bien, de la misma manera que este principio vale para el imperio, para la nación dentro del imperio, para la ciudad dentro de la nación, para la calle dentro de la ciudad, vale también para la casa dentro de la calle. La institución de la familia debe ser ensalzada precisamente por las mismas razones que la institución de la nación, o la institución de la ciudad, son en este respecto ensalzadas. Es bueno para un hombre vivir en una familia por la misma razón que es bueno para un hombre ser asediado dentro de una ciudad. Es bueno para un hombre vivir en una familia en el mismo sentido en que es algo hermoso y delicioso para un hombre ser bloqueado por una nevada en una calle. Todas estas cosas le fuerzan a darse cuenta de que la vida no es algo que viene de fuera, sino algo que viene de dentro. Sobre todo, todas ellas insisten sobre el hecho de que la vida, si es de verdad una vida estimulante y fascinante, es una cosa que por su misma naturaleza existe a pesar de nosotros. Los escritores modernos que han sugerido, de manera más o menos abierta, que la familia es una institución mala, se han limitado generalmente a sugerir, con mucha amargura o patetismo, que tal vez la familia no es siempre algo muy conciliador. Pero, qué duda cabe, la familia es una institución buena precisamente porque no es conciliadora. Es algo bueno y saludable precisamente porque contiene tantas divergencias y variedades. Es, como dice la gente sentimental, un pequeño reino y, como muchos otros reinos pequeños, se encuentran generalmente en un estado que se parece más a la anarquía. Es precisamente el hecho de que nuestro hermano Jorge no está interesado en nuestras dificultades religiosas, sino que está interesado en el «Restaurante Trocadero», lo que da
a la familia algunas de las cualidades tonificantes de la república. Es precisamente el hecho de que nuestro tío Fernando no aprueba las ambiciones teatrales de nuestra hermana Sara lo que hace que la familia sea como la humanidad. Los hombres y las mujeres que, por razones buenas o malas, se rebelan contra la familia, están, por razones buenas o malas, sencillamente rebelándose contra la humanidad. La tía Isabel es irracional, como la humanidad. Papá es excitable, como la humanidad. Nuestro hermano más pequeño es malicioso, como la humanidad. El abuelo es estúpido, como el mundo; y es viejo, como el mundo.

No hay duda de que aquellos que desean, correcta o incorrectamente, escapar de todo esto, desean entrar en un mundo más estrecho. La grandeza y la variedad de la familia les deja desmayados y aterrorizados. Sara desea encontrar un mundo que consista por entero en teatros; Jorge desea pensar que el «Trocadero» es un cosmos. No digo ni por un momento que la huida a esta vida más limitada no sea lo correcto para el individuo, como tampoco lo digo de la huida a un monasterio. Pero sí que es malo y artificioso todo lo que tienda a hacer a estas personas sucumbir a la extraña ilusión de que están entrando en un mundo que es más grande y más variado que el suyo propio. La mejor manera en que un ser humano podría examinar su disposición para encontrarse con la variedad común de la humanidad sería dejarse caer por la chimenea de cualquier casa elegida a voleo, y llevarse tan bien como sea posible con la gente que está dentro. Y eso es esencialmente lo que cada uno de nosotros hizo el día en que nació.

En esto consiste verdaderamente la aventura romántica, especial y sublime, de la familia. Es romántica porque es «a cara o cruz», porque es todo lo que sus enemigos dicen de ella, porque es arbitraria, porque está ahí. En la medida en que un grupo de personas haya sido elegido racionalmente habrá cierta atmósfera especial o sectaria. Cuando se eligen de manera irracional entonces uno se encuentra con hombres y mujeres sin más. El elemento de aventura empieza a existir; porque una aventura es algo que, por naturaleza, viene hacia nosotros. Es algo que nos escoge a nosotros, no algo que nosotros escogemos. El hecho de enamorarse ha sido a menudo considerado como la aventura suprema, el incidente romántico por excelencia. En la medida en que hay en ello algo que está fuera de nosotros, algo así como una especie de fatalismo alegre, esto es muy cierto. No hay duda de que el amor nos atrapa, nos transfigura y nos tortura. Rompe de verdad nuestros corazones con una belleza insoportable, como la belleza insoportable de la música. Sin embargo, en la medida en la que, por supuesto, tenemos algo que ver con el asunto, en la medida en la que de alguna forma estamos preparados para enamorarnos y en algún sentido para arrojarnos al amor, en la medida en que hasta cierto punto elegimos y hasta cierto punto juzgamos, en este sentido el hecho de enamorarse no es verdaderamente romántico, no es de verdad la gran aventura. En este sentido, la aventura suprema no es enamorarse. La aventura suprema es nacer. Allí nos encontramos de repente en una trampa espléndida y estremecedora. Ahí vemos de verdad algo que jamás habíamos soñado antes. Nuestro padre y nuestra madre están al acecho, esperándonos, y saltan sobre nosotros como si fueran bandoleros detrás de un matorral. Nuestro tío es una sorpresa. Nuestra tía es como un relámpago en un cielo azul. Al entrar en la familia por el nacimiento entramos de verdad en un mundo incalculable, en un mundo que tiene sus leyes propias y extrañas, en un mundo que podría muy bien continuar su curso sin nosotros, en un mundo que no hemos fabricado nosotros. En otras palabras, cuando entramos en la familia entramos en un cuento de hadas.

La aventura de lo inesperado

Este colorido, como el de un relato fantástico, debería pegarse a la familia y a nuestras relaciones con ella durante toda la vida. El amor es la cosa más profunda en la vida; más profundo que la misma realidad. Porque aun si la realidad resultara engañosa, a pesar de todo no se podría probar que es insignificante o sin importancia. Si los hechos fueran falsos, serían todavía muy extraños. Y este carácter extraño de la vida, este elemento inesperado y hasta perverso de las cosas tal como acontecen, permanece incurablemente interesante. Las circunstancias que podemos regular pueden hacerse mansas o pesimistas; pero las «circunstancias sobre las que no tenemos control» permanecen como teñidas de algo divino para aquellos que, como el señor Micawber, pueden invocarlas y renovar su fuerza. La gente se pregunta por qué es la novela la forma más popular de literatura; por qué se leen más novelas que libros científicos o de Metafísica. La razón es muy sencilla: es que la novela es más verdadera que esos otros libros. La vida puede a veces aparecer legítimamente como un libro científico. La vida puede a veces aparecer, y con mucha más legitimidad, como un libro de Metafísica. Pero la vida es siempre una novela. Nuestra existencia puede dejar de ser una canción; puede dejar de ser incluso un hermoso lamento. Puede que nuestra existencia no sea una justicia inteligible ni siquiera una equivocación reconocible. Pero nuestra existencia es, a pesar de todo eso, una historia. En el fiero alfabeto de toda puesta de sol está escrito, «continuará en el próximo». Si tenemos suficiente inteligencia, podemos terminar una deducción filosófica y exacta, y estar seguros de que la estamos acabando correctamente. Con poder cerebral adecuado podríamos llevar a cabo cualquier descubrimiento científico y estar seguros de que lo acabábamos correctamente.

Pero ni siquiera con la más gigantesca inteligencia podríamos terminar el relato más sencillo o el más tonto, y quedarnos seguros de que lo hemos terminado correctamente Ocurre así porque un relato lleva por detrás, no sólo la inteligencia, que es parcialmente mecánica, sino la voluntad, que en su esencia es algo divino. El escritor de una narración puede enviar a su héroe al calabozo en el penúltimo capítulo, si así lo desea. Puede hacerlo por el mismo capricho divino por el que el mismo autor puede ir al calabozo y después al infierno, si así lo escoge. Y la misma civilización, aquella civilización caballeresca europea que reafirmó la libertad en el siglo XIII, produjo lo que llamamos «ficción» en el XVIII. Cuando Tomás de Aquino afirmó la libertad espiritual del ser humano, creó todas las malas novelas que se encuentran en las bibliotecas circulantes.

Pero para que la vida sea para nosotros una historia o una historia de amor, es necesario que una gran parte de ella sea decidida sin nuestro permiso. Si queremos que nuestra vida sea un sistema, eso puede ser un fastidio; pero si queremos que sea un drama, es algo esencial. Puede ocurrir a menudo, sin duda alguna, que un drama sea escrito por alguien que no es muy de nuestro agrado. Pero nos gustaría todavía menos que el autor se presentara delante del telón cada hora más o menos y descargara sobre nosotros toda la preocupación de inventar por nuestra cuenta el acto siguiente. El ser humano tiene control sobre muchas cosas en su vida; tiene control sobre un número suficiente de cosas para ser el héroe de una novela. Pero si tuviera control sobre todas las cosas, habría tanto héroe que no habría novela. Y la razón por la que las vidas de los ricos son en el fondo tan sosas y aburridas es sencillamente porque pueden escoger los acontecimientos. Se aburren porque son omnipotentes. No puede tener aventuras porque las fabrican a su medida. Lo que mantiene a la vida como una aventura romántica y llena de ardorosas posibilidades es la existencia de estas grandes limitaciones que nos fuerzan a todos a hacer frente a cosas que no nos gustan o que no esperamos. En vano hablan los altivos modernos de estar en ambientes incómodos. Estar metido en una aventura es estar metido en ambientes incómodos. Haber nacido en esta Tierra es haber nacido en un ambiente incómodo, y por lo tanto, haber nacido en una aventura. De todas estas grandes limitaciones y estructuras que modelan y crean la poesía y la variedad de la vida, la familia es la más definitiva y la más importante. De ahí que sea malentendida por los modernos que se imaginan que la aventura podría existir en grado más perfecto, en un estado completo de los que ellos llaman libertad. Se creen que si un hombre hace un gesto sería algo sorprendente y asombroso que el Sol se cayera del cielo. Pero lo que es sorprendente y asombroso-la aventura romántica de la misma existencia del Sol-es que no se cae del cielo. Buscan estas gentes bajo toda forma y figura, un mundo donde no haya limitaciones-es decir, un mundo donde no haya contornos, esto es, un mundo donde no hay figuras-. No hay nada más despreciable y ruin que esa infinidad. Dicen que desean ser tan fuertes como el Universo, pero lo que realmente desean es que el Universo entero sea tan débil como ellos mismos.


miércoles, 7 de noviembre de 2012

Verdades científicas




Continúo dándole vueltas al Está científicamente probado que mencionaba J.L. Borges. Hoy se me ocurre ligarlo con los principios de la estafa, las técnicas psicológicas del estafador. Víctor Lustig no estudió psicología en ninguna escuela, pero fue capaz de estafar a banqueros experimentados y a vender la torre Eiffel ¡dos veces! Quizá algunas de las 'verdades' que se tienen por 'científicas' se hayan colado con los mismos métodos.

Repasemos algunos principios básicos para estafar.

1. Distracción Desviar la atención de cosas que es preferible no te fijes y centrarla en otras para despistarte. Básico para los prestidigitadores y los estafadores.
2. Conformidad social Stanley Milgram estudió como tendemos a ser obedientes cuando el que nos dice las cosas le creemos alguien con autoridad en la materia.
3. Seguir al rebaño El efecto de imitación que tiene mucha gente, hace que funcione como una masa o un rebaño, haciendo lo mismo que ven hacer a otros, creyendo lo que creen otros. Salomon Asch, realizó un estudio clásico sobre la conformidad en los años 50.
4. Jugar con el miedo de la gente En condiciones de presión la gente puede hacer cosas que normalmente no haría si cree que le beneficia o evita un mal mayor.
5. Engañar Aprovechar del hecho de que, en cualquier situación dada, la mayoría de la gente presta más atención a sus expectativas sobre lo qué sucederá que a lo que realmente sucede. Si el comportamiento del espabilado se corresponde con la situación imaginada, entonces la gente acepta lo que le dicen. Un ejemplo es el timo de unos estafadores que quiere robar mercancías en una empresa. Colocan en la puerta del almacén un cartel “La puerta de acceso está rota, para hacer las entregas llamar al número XXXX”. De esta forma los que trasportan mercancías llaman y son ayudados por los estafadores a descargar esas mercancías que van a robar.
6. Jugar con la necesidad Lamentablemente la gente cuanto más desesperada está es más fácil es de manipular. Ejemplo de esto son los timos que “ofrecen trabajos” pero hay que mandar un dinero por adelantado.
7. La presión del tiempo Un estudio clásico de cómo la gente toma decisiones bajo la presión de tiempo demuestra lo que saben los estafadores. Cuando no hay tiempo para pensar se toman decisiones precipitadas.
8. Jugar con la codicia Mejor que proponer un negocio es proponer un 'gran negocio'. Las grandes expectativas permiten disimular algunas 'irregularidades'. Y si la víctima está dispuesta a cometer una pequeña estafa -por ejemplo, al estado- esto le dificultará las posteriores reclamaciones cuando se descubra estafado.

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Hojeo escritos alrededor del "símbolo sagrado de la psiquiatría", eso que no se sabe muy bien qué es, pero sobre lo que todo el mundo se atreve a opinar. De acuerdo con la principal biblia del sector, esquizofrénico es aquel que cumple con un par de condiciones en un abanico de cinco posibilidades (un juego fácil, ¿verdad?) Debe ocurrir lo mismo que con la pornografía al magistrado norteamericano Potter Stewart: “Yo no puedo definir la pornografía, pero sé reconocerla cuando la veo”.

Hay quien niega rotundamente la utilidad de tal constructo:
'¿cumple la «esquizofrenia» los requisitos científicos establecidos para determinar la existencia de un concepto? -«fiabilidad»-; y ¿resulta útil la «esquizofrenia» para comprender alguna cosa? -«validez»'  (la respuesta a ambas preguntas es 'NO') (1)

Hay quien repasa, con cierto desánimo, la historia del concepto:
"Las teorías neuropsicológicas al uso todavía no ofrecen una explicación cabal, después de más de cien años, incluyendo la década del cerebro. Y lo que es todavía peor, ahora ni siquiera se proponen ofrecer al menos un entendimiento. Así que ni explicación ni comprensión." "..no se conoce a ciencia cierta ninguna causa ni siquiera marcador biológico de esta presunta enfermedad cerebral." (2)
   
Hay quien sigue utilizando el concepto pero, prudentemente, plantea interrogantes:
"Aunque se habla de la esquizofrenia como si fuera una entidad única, la categoría diagnóstica puede incluir una variedad de trastornos, con causas heterogéneas, síntomas clínicos variables, diversas respuestas al tratamiento y diferentes evoluciones" (3)

También hay quien manifiesta un cierto optimismo:
'Sin duda, la esquizofrenia es una enfermedad compleja tanto desde el ámbito clínico como de la investigación. Pero caeremos en un error si, al referirnos a su etiopatogenia, esgrimimos la tópica frase: “enfermedad de etiología desconocida”.'
'..actualmente sería más correcto decir “la esquizofrenia es una enfermedad cerebral de origen genético y ambiental con factores de riesgo precisos y conocidos”' (4)
   
Incluso hay quien maneja el concepto con total desenvoltura, utilizándolo como si de una realidad concreta se tratara.  Hace poco se publicó que un equipo de científicos ha descubierto cómo diagnosticar la esquizofrenia a partir de unas sencillas pruebas basadas en el movimiento de los ojos de los pacientes. El nuevo método para detectarla consigue una fiabilidad superior al 98%. Es decir, ¡consigue la detección concreta de algo inconcreto! (5)

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Si dejamos de lado qué cosa es eso de la esquizofrenia y miramos como se la trata, vemos que -con raras, honrosas y eficaces excepciones- se trata casi exclusivamente con unos fármacos llamados eufemísticamente 'antipsicóticos', aunque a veces se añaden otros tratamientos coadyuvantes. El primero de éstos fármacos fue la clorpromazina. Los sobrenombres que se ganó, 'lobotomízador químico' y 'la porra líquida', describen bastante bien sus efectos. Queda claro que una lobotomía, o la disciplina aplicada en 'contención mecánica' (otro eufemismo) pueden tranquilizar a quienes se sienten incomodados por los comportamientos extraños de alguien con un trastorno psicótico; debería quedar igualmente claro que no producen ningún bien al sujeto.

Joanna Moncrieff, en su imprescindible libro "The Myth of the Chemical Cure, A Critique of Psychiatric Drug Treatment" declara en su introducción:
"Desde los años 60 hemos vivido en una época caracterizada por la idea de que los fármacos pueden curar los problemas de lo que ahora se conoce como 'enfermedades mentales', pero que previamente se conocían como locura, insania, alienación y neurosis, entre otros términos."
    ..
"Argumentaré que no hay una delimitación real entre los tratamientos psiquiátricos de épocas anteriores con las teorías que los justificaron y nuestros actuales tratamientos con sus teorías, que la necesidad de creer en una cura para enfermedades psiquiátricas que impulsó y sostuvo la fe de la gente en la terapia del coma insulínico, la terapia electroconvulsiva, la cirugía radical (lobotomías), la terapia con hormonas sexuales y otras muchas intervenciones extrañas es el más fuerte impulso detrás del uso de los modernos medicamentos psiquiátricos. Voy a sugerir que la creencia de que los tratamientos modernos con fármacos representan curas específicas para enfermedades específicas es tan equivocada como la creencia de que inducir un coma insulínico era un tratamiento eficaz y específico para la esquizofrenia."
   
En relación con la supuesta eficacia y seguridad de la medicación a la venta, véase el “Manual para Dummies para la construcción de evidencia" de Antonio Olives.

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Siguiendo con la esquizofrenia (sea lo que sea eso), está la cuestión de sus orígenes y causas. Ahí se dispara la imaginación de los investigadores. Intento agrupar las etiologías propuestas en solo tres categorías.


Genética.
Esas teorías tienen muchos adeptos, lástima que los estudios sin post-producción (del tipo photoshop de datos) no la sostengan. Lo comenté en ese post.

Problemas de neurodesarrollo. (alteración en el desarrollo cerebral, una lesión que permanece clínicamente 'silente' hasta que el proceso de desarrollo y maduración normal 'conecta' las estructuras cerebrales afectadas por la lesión)
Esta posibilidad se sostiene mejor, al menos para algunos casos. Existen estudios que muestran correlación entre problemas en el embarazo o complicaciones obstétricas con los posteriores trastornos psiquiátricos de los hijos.

Entorno social.
No hay duda de la heredabilidad de las esquizofrenias; y el entorno juega un papel más importante que los genes, pero no está clara la manera. Se han propuesto diversos mecanismos, como las situaciones de doble vínculo, la madre esquizofrenógena, el aislamiento en la infancia, etc. Lo que sí está claro es que la pobreza (o algunas de las situaciones que comporta) y la poca integración social de los inmigrantes constituyen factores de riesgo.


¿Qué puede deducirse de esta colección de teorías?

Como dijera Karl Jaspers: Cuantas más causas son señaladas, tanto menos es nuestro conocimiento causal.

A veces priman más los intereses económicos que los intereses humanos y científicos. Se fomentan las teorías que permiten comercializar un paliativo para algo inexorablemente incurable.

A veces prima la 'corrección política' sobre la 'corrección científica'. Es más fácil culpar a un extraño que no puede defenderse, por ejemplo un virus, que a un familiar que sí puede hacerlo.

A mí personalmente me llama mucho la atención que se omita una posibilidad que me parece también natural: algún error o extravío del propio sujeto. Seguramente esto tampoco es 'políticamente correcto' pero es, precisamente, lo que intentan corregir muchos enfoques terapéuticos (psicodinámicos, cognitivos, humanistas..)

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Ante esa diversidad de opiniones y teorías, y en el caso de que -en algunos casos- hubiera engaño intencionado, es decir estafa (o quizá autoestafa), ¿como se llevaría a cabo?

Se diría algo que apacigüe a los afectados (no necesariamente quienes sufren un trastorno mental, puede ser más rentable seducir a familiares e instituciones relacionadas). Es más fácil aceptar una mentira cómoda que una verdad incómoda. Más aún si encaja con las creencias dominantes.

Así se empezó por hablar de 'una enfermedad como otra cualquiera', porque resulta más fácil de llevar, y a partir del modelo médico se adecuó lo observado con lo ideado. Como ejemplo extremo de encajar teoría con ideología está la exterminación de los pacientes psiquiátricos durante el III Reich. O, pasada la II Guerra Mundial, las lobotomias del Dr. Freeman.

Se usaría la presión de la autoridad de los expertos. Una vez convencidos o seducidos un cierto número de expertos, estos pueden ser usados para arrastrar a otros muchos. Casi nadie se acuerda ahora, pero en los años 50 una publicidad de la marca de tabaco Camel se basaba en que "Más médicos fuman Camel que cualquier otro cigarrillo". Ahora se usa lo misma técnica, pero con el antipsicótico o el antidepresivo más recientemente patentado.

Se manipularía la información de modo que el usuario y/o el prescriptor solo conozca lo positivo. Otra vez el “Manual para Dummies para la construcción de evidencia" de Antonio Olives.


De hecho ¿hay alguno de los mencionados 'ocho principios del estafador' que no haya sido usado para convencer o seducir respecto a supuestas 'verdades científicas'? Incluso se ha desarrollado grandemente la agnotología, la ciencia de esconder las verdades (respecto al cambio climático, a los intereses en las 'guerras humanitarias', a la dominación de bigpharma, etc.) Una de las tácticas empleadas es hacer crecer bosques para esconder determinados árboles. Esto es, englobar dentro de los 'antisistema' a cualquiera que simplemente ponga en duda el recto proceder de bancos y políticos. Tildar de marginal y alternativo cualquier atisbo de enfoque terapéutico que no respete los intereses de algunas grandes corporaciones.
   
En fin, ningún post va a substituir la búsqueda y la comparación, el examen responsable de la información disponible. Los mayores aliados de la ignorancia son la pereza y el conformismo.   
   
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(1) John Read en 'Modelos de Locura' por John Read, Loren R. Mosher, Richard P. Bentall.
   
(2) "Entendimiento filosófico de la esquizofrenia" por Marino PÉREZ ÁLVAREZ y José M. GARCÍA MONTES

(3) "Etiología de la esquizofrenia: interacción genes-ambiente" por J.A. Martínez, M.J. Cuesta, V. Peralta
en ANALES (Departamento de Salud del Gobierno de Navarra)

(4) "Etiología y Signos de Riesgo en la Esquizofrenia" por Jordi E. Obiols y Jordi Vicens-Vilanova

(5) Artículo en La Vanguardia y abstract en el Biological Psychiatry Journal.

jueves, 10 de mayo de 2012

En lugar de la naciones

La cita, hace pocas semanas, del ahora presidente francés François Hollande, "Mi verdadero adversario en esta batalla no tiene nombre ni cara ni partido... Es el mundo de las finanzas", me hace recuperar un ensayo de John le Carre titulado 'In Place of Nations' publicado en The Nation magazine en Abril del 2001. Lo reproduzco a continuación, sin autorización expresa del autor. La traducción es lo mejor que he sido capaz de hacer.




EN LUGAR DE LAS NACIONES
por John le Carre (Abril 2001)

Los tiempos han cambiado desde la guerra fría, pero ni la mitad de lo que podríamos pensar. La guerra fría proporcionó a los gobiernos occidentales la excusa perfecta para saquear y explotar al Tercer Mundo en nombre de la libertad, de amañar sus elecciones, sobornar a sus políticos, nombrar a sus tiranos y, por los más sofisticados medios de persuasión e injerencia, detener -en nombre de la democracia- la aparición de las jóvenes democracias.

Y mientras lo hacían, ya fuera en el sudeste asiático, América Central, SudAmérica o África -echó raíces una noción ridícula que seguimos arrastrando hasta nuestros días. Se trata de una idea querida por los conservadores y, en mi país, igualmente por el Nuevo Laborismo. Hace hermanos siameses de Tony Blair, Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Bill Clinton y George W. Bush. Aloja en su seno la convicción de que, sea lo que sea lo que hagan las grandes corporaciones comerciales a corto plazo, es en última instancia, motivado por preocupaciones éticas, y su influencia en el mundo es por lo tanto beneficiosa. Y cualquiera que piense lo contrario es un hereje neocomunista.
En nombre de esta teoría, miramos aparentemente indefensos, mientras millones de kilómetros cuadrados de las selvas tropicales son destruidas cada año, los nativos de sus comunidades agrícolas son sistemáticamente privados de sus medios de subsistencia, desarraigados y dejados sin hogar, los manifestantes son ahorcados y fusilados, los más bellos rincones del mundo se invaden y profanan, y paraísos tropicales son convertidos en terrenos baldíos con podredumbre en expansión y crecen en su centro megaciudades plagadas de enfermedades.
Y de todos estos crímenes del capitalismo salvaje, cuando comencé a buscar una historia que ilustrara este argumento en mi reciente novela [El jardinero fiel], me pareció a mí que la industria farmacéutica ofrecía el ejemplo más elocuente. Podría haber ido a por el escándalo del tabaco con aditivos, diseñado por los fabricantes occidentales para producir  adicción, y de paso cáncer, en las comunidades del Tercer Mundo ya afectadas por el SIDA, la tuberculosis, la malaria y la pobreza en una escala que pocos de nosotros podemos llegar a imaginar.
Podría haber ido a por las compañías petroleras, y la impunidad con la que Shell, por ejemplo, provocó una inmensa catástrofe humanitaria en Nigeria, desplazando a las tribus, contaminando su tierra y provocando un levantamiento que condujo a pseudo-tribunales y a la vergonzosa tortura y ejecución de hombres muy valientes por parte de un régimen totalitario perverso y corrupto.
Pero el mundo de las multinacionales farmacéuticas, una vez que entré, me agarró por el cuello y no me soltó. BigPharma, como se las conoce, lo ofrecía todo: las esperanzas y sueños que tenemos de él, su vasto, en parte realizado, potencial para el bien; y su oscuro lado oculto, sostenido por enormes riquezas, un secretimo patológico, corrupción y codicia.
Aprendí, por ejemplo, de cómo Big Pharma en los Estados Unidos había persuadido al Departamento de Estado para amenazar a los gobiernos de los países pobres con sanciones comerciales a fin de evitar que fabriquen sus propias formas baratas de los medicamentos patentados que salvan vidas y que podrían aliviar la agonía de 35 millones de hombres, mujeres y niños en el Tercer Mundo que son VIH-positivo, 80 por ciento de ellos en el África subsahariana. En la jerga farmacéutica, estos medicamentos de imitación libres de patentes se llaman genéricos. Big Pharma los denosta, insistiendo en que no son seguros y que se adiministran sin cuidado. La práctica demuestra que no son ni lo uno ni lo otro. Simplemente salvan las mismas vidas que Big Pharma podrían salvar, pero a una fracción del costo.
Por cierto, Big Pharma no inventó estos medicamentos que salvan vidas y que han patentado, y a los que arbitrariamente han subido el precio. Los antirretrovirales han sido en su mayor parte descubiertos por proyectos de investigación en otras enfermedades financiados con fondos públicos de Estados Unidos, y sólo más tarde confiados a las compañías farmacéuticas para la comercialización y la explotación. Una vez las farmacéuticas obtuvieron la patente, cobraron tanto como creyeron que podría soportar un mercado occidental desesperado por el SIDA: $ 12.000 a $ 15.000 al año para los compuestos que cuestan unos pocos cientos de fabricar. Así, una etiqueta de precio fue fijado, y el mundo occidental, en general, suspiró por ella. Nadie dijo que era una estafa masiva. Nadie comentó que, mientras África tiene el 80 por ciento de los pacientes en el mundo contra el SIDA, representa el 1 por ciento del mercado de las grandes farmacéuticas.
¿Acaso asoma la gastada excusa de que las compañías farmacéuticas tienen que hacer grandes beneficios en un medicamento con el fin de financiar la investigación y el desarrollo de los demás? Entonces sean tan amables de decirme, por favor, ¿cómo es que gastan dos veces más en marketing de lo que gastan en investigación y desarrollo?
También me dijeron acerca del vertido de medicamentos inapropiados o caducados por medio de "donaciones" con el fin de deshacerse de las existencias invendibles, evitar los costes de destrucción y obtener una rebaja de impuestos. Y acerca de la ampliación deliberada de las especificaciones de un medicamento con el fin de ampliar su base de ventas en el Tercer Mundo. Así, por ejemplo, un medicamento que en Europa Occidental o Estados Unidos podría tener una licencia única para el dolor extremo de un cáncer podría ser vendido en Nairobi para un simple dolor de cabeza -y a un precio varias veces superior que en París o Nueva York. Y con toda probabilidad, no se advierten contraindicaciones.
Y luego, por supuesto, está el propio juego de las patentes. Un compuesto puede llevar a una docena o más patentes. Se patenta el proceso de fabricación. Se patenta el sistema de entrega, pastillas, medicamentos o suero. Se patenta la dosificación, ahora diariamente, semanalmente ahora, ahora dos veces por semana. Se patenta, si es posible, todos los eventos triviales en la vida de la droga desde el laboratorio de investigación hasta los pacientes. Y por cada día que mantienes alejado al fabricante de medicamentos genéricos, ganas otra fortuna, ya que el marcado, durante el tiempo que eres dueño de la patente, es astronómico.
Sin embargo, Big Pharma también se dedica a la seducción deliberada de la profesión médica país por país, en todo el mundo. Se está gastando una fortuna en influir, contratar y comprando el juicio académico hasta un punto donde, en el espacio de unos pocos años, si las grandes farmacéuticas continúan sin control en su feliz camino actual, la opinión médica no-comprada va a ser difícil de encontrar.
Y consideremos lo que sucede a la supuestamente imparcial investigación médica académica cuando las gigantescas compañías farmacéuticas donan edificios enteros de biotecnología y dotan cátedras en las universidades y hospitales universitarios, donde sus productos son probados y desarrollados. Ha habido un flujo constante de casos alarmantes en los últimos años, donde descubrimientos científicos inconvenientes se han suprimido o reescrito, y los responsables expulsados fuera de sus campus, con su reputación profesional y personal sistemáticamente arruinadas por las maquinaciones de las agencias de relaciones públicas a sueldo de las farmacéuticas.

El último bastión, que razonablemente cabría esperar, serían las "objetivas" revistas científicas. Pero aquí, también, por desgracia, tenemos que tener cuidado, tal como lo hacen. El New England Journal of Medicine, el más prestigioso de Estados Unidos, confesó recientemente a su pesar de que algunos de sus colaboradores han resultado tener conexiones no declaradas con la industria farmacéutica. En cuanto a las revistas menos augustas, que no tienen ni la influencia ni los recursos para verificar los intereses ocultos de sus colaboradores, muchos se han convertido en poco más que escaparates para farmacéuticas vendiendo sus mercancías, Y más de un "líder de opinión", es decir, el profesor de investigación, se ha sabido que añadía su nombre a un artículo que era amablemete escrito para él en la trastiendar.
La prensa en general, por el contrario, ha comenzado a servir al público mucho mejor que antes, particularmente en los Estados Unidos. Tal vez se preocupan un poco menos por sus anunciantes. El año pasado una investigación de once meses del Washington Post sobre las malas prácticas de los Estados Unidos y de Big Pharma en los países pobres culminó en una serie de artículos demoledores que deberían merecer un premio Pulitzer a sus escritores, el agradecimiento de toda la gente decente y el odio descarado de la industria.
Un artículo reciente, igualmente espléndido por Tina Rosenberg del New York Times Magazine mantuvo a Brasil como el camino a seguir, y nos mostró las limitaciones, en la ley, del agarre de las compañías farmacéuticas a sus propias patentes. Brasil ha puesto a la supervivencia de su propio pueblo por encima de los gritos y resoplidos de Big Pharma. Ha producido sus propios genéricos antirretrovirales a una fracción del costo del equivalente patentado y los está repartiendo a cada brasileño que los necesita. Al principio, en lugar de apresurarse a gritar a sus abogados y cabilderos y el  Departamento de Estado de EE.UU., Big Pharma mordió la bala y bajó sus precios para competir. Pero ¿por cuánto tiempo? Bajo George W. Bush, ya se está preparando para volver a poner el reloj a cero.
George W. Bush llegó al poder montado en un montón de gente muy avariciosa, y no la menor Big Pharma, que invirtió millones de dólares en su campaña, más del doble de las cantidades que dieron a los demócratas. Varios de los padrinos y abuelos que han envasado y promovió a George W. tiene relaciones más que cercanas con la industria farmacéutica. Clinton, al final de su segundo mandato, había comenzado a resistir la presión draconiana del lobby en Washington de Big Pharma y aun fue tímidamente abogando por la liberación de medicamentos genéricos contra el SIDA a las personas que se mueren por millones, por falta de ellos. Sin embargo, un caso judicial enorme, creado por las grandes farmacéuticas en Sudáfrica e, ahora inminente, se propone afianzar la ley de patentes a cualquier precio. El precio, por supuesto, es la vida de millones de ciudadanos del Tercer Mundo.
Los gobiernos ¿todavía dirigen los países? Los presidentes ¿dirigen a los gobiernos? En la guerra fría, el lado correcto perdió, y en su lugar ganó el lado equivocado, dijo un ingenioso Berlinés. En un abrir y cerrar de ojos, allá en los años noventa, algo maravilloso podría haber sucedido: un Plan Marshall, una reconciliación generosa de viejos enemigos, una reconstrucción de alianzas y, para los tercer y cuarto mundo, un compromiso para asumir la verdaderos enemigos del mundo: el hambre, la peste, la pobreza, la devastación ecológica, el despotismo y el colonialismo en todos sus otros nombres.
Pero ese sueño tan deseado suponía que las naciones ilustradas hablarían como naciones ilustradas, no como los portavoces a sueldo de miles de millones de dólares de las empresas multinacionales que ven en la explotación de los enfermos y moribundos del mundo un deber sagrado ante sus accionistas.
Tina Rosenberg en su artículo del New York Times ofrece una de esas raras soluciones simples que son, por supuesto, demasiado obvias y lúcidas para que resulte aceptable por los burócratas de la salud de la comunidad mundial: Que la Organización Mundial de la Salud se ocupe del tratamiento del sida en el mundo de la misma manera que la UNICEF se ha ocupado de la vacunación a nivel mundial, lo que salva 3 millones de vidas al año y previene las enfermedades incapacitantes en decenas de millones más. Se calcula el costo en alrededor de $ 3 mil millones, lo que sugiere que no es un número tan malo si usted se está enfrontando al colapso de un continente.
Ella podría haber añadido, y tal vez en su mente lo hizo- que las ventas de sólo un gigante farmacéutico, Pfizer, ascendió el año pasado a $ 29,6 mil millones y sus utilidades a US $ 3,7 mil millones. GlaxoSmithKline hizo aún mejor, con menores ventas de $ 27,5 mil millones y mayores ganancias de US $ 5,6 millones. Y todo ello por amor a la humanidad.
Como la realidad siempre supera la ficción, reuerda alguien ¿porque -en 2007- Sarkozy tuvo que negociar personalemente el secuestros de algunos cooperante en Chad? ¿que pasó después? ¿se aclaró más el supuesto secuestro de niños por parte de una supuesta ONG? ¿o se echó tierra al asunto?

En un sentido directamente relacionado con todo esto, los compañeros del Instituto de Psicofarmacología (ahora TecnoRemedio) se hacen eco de 'un cierto malestar' en el mundo psi: 'La historia reciente de la psiquiatria - ¿un fraude?'


lunes, 23 de abril de 2012

Emic y etic



En las ciencias sociales el problema fundamental radica en el riesgo de que el estudioso  no pueda separar adecuadamente sus valoraciones personales de las que son propias de los actores que él estudia.

En antropología Marvin Harris popularizó el uso de la doble perspectiva, la emic y la etic, aunque el concepto lo había creado un lingüista, K. L. Pike. La denominación deriva de phonemics (fonología) y phonetics (fonética), la una atendiendo a los significados y la otra a las formas (pronunciación).

"... el antropólogo tiene dos formas de ver las cosas. Una de ellas es la que logra proyectando su mirada desde el interior del sistema, es decir, adoptando temporalmente los valores y las apreciaciones de los estudiados, a la cual denominamos emic. La otra perspectiva, llamada etic, es la que logra mirando al sistema desde fuera, es decir, como si el antropólogo estuviera fuera de la sociedad que estudia. La mirada emic es el resultado de la progresión científica de la antropología y es el resultado de una distinción fina y precisa que resulta inseparable de la ciencia antropológica en la actualidad"

"La perspectiva emic es la gran aportación de la antropología, la que brota de ese método de trabajo que denominamos con el nombre de observación participante. El antropólogo se integra en el seno de la cultura que pretende captar y se convierte en uno más de cuantos participan de la misma. De esta manera evita la distorsión de analizar los valores ajenos con parámetros propios"

"Sin embargo, el antropólogo, una vez que ha realizado su trabajo de campo, ha de llevar a cabo las imprescindibles comparaciones. Debe establecer analogías entre la cultura que ha estudiado y la suya propia. Y, además, entre estas dos culturas y las que conoce a través de la información que proporcionan otros antropólogos. Entonces, las visiones emic, suyas o tomadas en préstamo de otros científicos, deben ser conjugadas con algunas apreciaciones. El relativismo del que se ha valido el antropólogo para captar el punto de vista de los estudiados no debe ni puede ser absoluto. En definitiva, siendo imprescindible el punto de vista emic, el antropólogo no prescinde por entero de las observaciones etic acerca de una cultura."

Si la mirada etic es la de quien se sitúa en las cumbres de una supuesta objetividad, la mirada emic es la de quien desciende a las profundidades de la subjetividad.

Sorprendentemente, en psiquiatría (disciplina hibrida, a caballo entre las ciencias naturales y las ciencias sociales: Germán Berrios dixit) se ha desarrollado toda una psicopatología basada exclusivamente en la perspectiva etic, la de los manuales (DSM y CIE) que permiten diagnosticar atendiendo exclusivamente a la visión exterior de quién se erige en impoluto juez cuasi-celestial.

En este blog he citado varias veces un trabajo de Angel Martínes Hernáez en el que -en su doble condición de antropólogo y de psiquiatra- pone de manifiesto la diferencia entre ambas perspectivas, y la necesidad de ambas para evitar la confusión entre "guiños" y "tics".

Recientemente encontré un ilustración clara de lo que es y comporta una descripción exclusivamente 'etic'.

Es la noche del sábado, dedicada especialmente a un ritual sobrecogedor para nosotros, que es seguido fielmente por los devotos de cierto culto. Dos grupos de doce hombres, vestidos con ropas de diversos colores, ejecutan complicados movimientos dentro de un espacio cerrado. A veces responden a estímulos musicales aplicados mediante un primitivo instrumento por un hombre de aparente autoridad que, ayudado por algunos asistentes, supervisa su actividad.
    Rodeando enteramente el área dedicada al ritual, una congregación entona sus respuestas. A veces cantan, otras, gritan, otras, guardan silencio. Algunos agitan un instrumento que emite un sonido extraño. Es evidente que el coliseo de forma geométrica ha sido diseñado con mucha atención. A su alrededor hay insignias multicolores, banderas, estandartes, decoraciones cuyo fin es probablemente elevar la carga emocional del individuo y del grupo. El ambiente es aterrador, en parte debido a los bruscos cambios de emoción. La reacción de la gente a los procesos extatogénicos que se desarrollan ante su vista es tan explosiva de vez en cuando, que uno se extraña de que no invada el sagrado recinto. Los presentes manifiestan ora alegría, ora tristeza.

Somos espectadores de un partido de rugby iluminado por los focos. Lo único que falta en la descripción del espectador es el conocimiento de lo que ocurre y del porqué. Si tenemos este conocimiento, podemos identificar a los jugadores, a los aficionados, al árbitro y las líneas blancas. De lo contrario, continuamos:

Ahora un hombre se retuerce en el suelo, otro hace muecas, y el sudor le cubre la frente. Uno de los espectadores se golpea a sí mismo, otro golpea a su vecino. El tótem se levanta en el aire y es saludado por un terrible alarido de la multitud... Entonces vemos que se ha derramado sangre.
   
El texto precedente está sacado de un libro de Idries Shah dedicado ¡como no! a los Sufís. Ilustra a la perfección las retorcidas interpretaciones a las que puede llegarse con una visión exclusivamente externa.


(la imagen de la cabecera, "El Prado de los Sueños en Niebla" es de Sego y Ovbal)