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miércoles, 30 de marzo de 2016

Rosenhan Reloaded



ANTECEDENTES:

(a)
Hace cuarenta y tantos años, en un experimento histórico, David Rosenhan y sus colaboradores pusieron a prueba la validez de los diagnósticos psiquiátricos [wiki, paper original, un comentario]. En la época de la antipsiquiatría (Thomas Szasz, Ronald Laing, ..) Rosenhan quiso verificar la tesis de que los diagnósticos psiquiátricos son falacias pseudo-médicas. Junto con otros 7 voluntarios (dos psicólogos, un estudiante de psicología, un pediatra, un psiquiatra, una ama de casa y un pintor) acudieron, cada uno por su cuenta, a distintos hospitales psiquiátricos aduciendo oír voces. Cada uno se presentó relatando su vida y personalidas tal cual eran añadiendo -tan solo- la audición de una alucinación auditiva consistiendo en una palabra poco clara ("vacío", "hueco" o "ruido") comportándose normalmente en todo lo demás. Además, la alucinación auditiva 'desaparecía' desde el momento en que cada uno era admitido como paciente.

De los ocho "pacientes", siete fueron diagnosticados como esquizofrénicos y uno como maniacodepresivo. Permanecieron ingresados un promedio de 19 días. En los hospitales psiquiátricos únicamente algunos de los verdaderos pacientes los reconocieron como actores: "Tú no estás loco. Eres un periodista o un profesor". Los profesionales de los centros, en cambio, los creyeron y los trataron como a 'enfermos' mentales. Por lo que se puede ver los diagnósticos no fueron afectados por la relativa salud (mental) de los pseudopacientes y las circunstancias de su vida. Al revés, la percepción de sus circunstancias vitales fue conformada por el correspondiente diagnóstico.

Esta forma de interpretación es lo que se llama "Sesgo de confirmación", consistente en filtrar o adaptar la información que se recibe a la hipótesis previamente formulada. Es lo que ocurre, por ejemplo, en las interpretaciones racistas o sexistas de hechos reales (ejemplo falso robo, caso histórico Dreyfus,) Este vídeo (en inglés) ilustra muy bien la psicología de las expectativas.

(b)
Los cuerpos de atención a emergencias, incluídas fuerzas armadas, escuchan a menudo denuncias, quejas o peticiones, que van más allá de lo que pueden realmente atender. Algunas se encuentran entre lo absurdo y lo ridículo. Desde el avistamiento de ovnis a los procedimientos mágicos de algún vecino. En la medida en que no haya alteración del orden, estas denuncias no prosperan y el agente que las recibe solventa la papeleta lo mejor que puede.

(c)
Z, en un cierto momento de su vida, experimentó un trastorno psicótico. Tuvo varios ingresos en un lapso de pocos años. Durante los últimos 8 años se ha ido recuperando, descendiendo la medicación hasta eliminarla por completo, le falta poco para acabar una licenciatura, y lleva una vida social satisfactoria.

HECHOS:

Z se va de vacaciones a su antigua ciudad. Se hospeda en un hostal. Después de cenar, junto con otros huéspedes entabla conversación con una chica extranjera. Por la mañana la busca y, al no encontrarla pregunta en conserjería, donde le dicen que la mencionada chica abandonó el hotel de madrugada. Le suena raro. Conversa con otro huésped, extranjero, quién también lo encuentra extraño. Comentan que por la situación de su habitación habrían oído a alguien marchándose tan temprano. Y aquí se le ocurre una peregrina idea: él, que es del país, solicitará a la policía autonómica que examine las grabaciones de las cámaras de seguridad.
La historia podría haber acabado con el policía diciendo que si tiene algún hecho concreto a denunciar lo haga y que si no es así les deje a ellos hacer su trabajo.
Pero no acaba así. En la pantalla del agente, al teclear el DNI del denunciante aparece la palabra maldita: es-qui-zo-fre-nia.
Sin mediar ninguna actitud violenta o amenazante (ni en esta ocasión ni en ninguna otra), Z es invitado a subir a una ambulancia donde es atado y llevado al hospital que, según la ficha le corresponde.
La psiquiatra de guardia ante un caso 'tan evidente' de brote psicótico (agravado por la negativa de Z a reconocerse como 'enfermo') decreta el ingreso involuntario. Tres días más tarde, el juez ratifica la pertinencia del ingreso involuntario (es lo que se hace en el 99% de los ingresos involuntarios). Por supuesto, la medicación es considerada imprescindible.
Cuando, días más tarde, su familia consigue sacarlo, un psiquiatra independiente considera el episodio como un toque de atención, recomendando estar más atentos los siguientes días y, por si fuera necesario, receta un fármaco para ayudar a dormir. No considera necesario volver a los antipsicóticos y totalmente contraindicado el encierro y la separación del modo de vida habitual.


COMENTARIOS:


  • El trato que se da a las personas con algún diagnóstico psiquiátrico refleja a la perfección los pre-juicios de quien trata. ("No es nada personal, es el protocolo" argumentan. Como aquel mafioso de una célebre película que antes de disparar declaraba, a modo de excusa: "No es nada personal, son los negocios").
  • No, no es igual en todas partes. Un enfermero especialista en salud mental que ha estado trabajando en Suiza 7 años comenta que en este lapso 1 (una sola) vez practicaron una contención mecánica. Y el mismo día se reunió el equipo para estudiar 'qué había fallado' para llegar a eso. Hace algunos meses hubo un cierto revuelo al mostrarse públicamente lo común de la "contención mecánica" en un hospital de Madrid (como en la mayoría de los psiquiátricos españoles). 
  • Un preso, reo de cualquier crimen, disfruta de más derechos que el paciente de un psiquiátrico (pero es "por su bién", eso sí). 
  • Los delitos, al cabo de un tiempo, prescriben. Los únicos que no prescriben, los crímenes de lesa humanidad, si son juzgados y se emite condena, se acaban una vez cumplida esta.
  • Los diagnósticos psiquiátricos, en cambio, NO PRESCRIBEN nunca. No se contempla la posibilidad de curación/recuperación. (La imposibilidad de curación es uno de los dogmas de la psiquiatría standard. A los contraejemplos los llaman "errores de diagnóstico")
  • Quienes han superado un trastorno mental grave (o problema etiquetado como tal) -y conozco unos cuantos- suelen etiquetarse a sí mismos como "supervivientes psiquiátricos", más que 'supervivientes de una enfermedad mental' ¿Porqué será?
  • Los criterios para diagnósticar la esquizofrenia, desde que Bleuler la pusiera de moda, no han cesado de variar cada poco tiempo. A mi personalmente me encantaban los del DSM-III, entre otros 'síntomas': "manifestar emociones en exceso o manifestar demasiado pocas emociones" (¿Cuantos quedarían en el estrecho punto medio? ¿Donde podría situarse este hipotético punto?)
  • Ocurre a menudo que dos psiquiatras 'detectan' diferentes síntomas y 'emiten' diferentes diagnósticos, para no pelearse inventaron la 'comorbilidad' (esto quiere decir que ambos diagnósticos son correctos). No obstante, siguen discutiendo entre ellos. Aquí un comentario de Pilowsky,L. y Murray,R.M. sobre Gray,A.J., Feldon, J.N.P. Rawlins, Hemsley,D.R. y Smith,A.D. en "Behavioral and Brain Sciences" (citado aqui) Se preguntan si es que estos autores:
"no sufrirán una capacidad disminuida para distinguir entre lo relevante y lo irrelevante, y que esto les haya llevado a desarrollar complejos delirios tratando de ver los mecanismos cerebrales subyacentes a la esquizofrenia".
  • Todos tenemos algún amigo que entiende mucho de vinos ... a condición de leer la etiqueta. La verdad es que pocos expertos se atreven a realizar una cata a ciegas: el riesgo de metedura de pata es elevado. 
  • Algo parecido ocurre con los expertos en 'trastornos mentales': a toro pasado muchos se atreven a colocar un diagnóstico en pocos minutos. Pero me gustaría encontrar psiquiatras que se atrevan a realizar una "cata a ciegas": tras un rato conveniente de entrevista apostar a si el entrevistado disfruta de un diagnóstico psiquiátrico o es un ciudadano común que no goza de tal privilegio.


(La foto de la cabecera corresponde a Rachael, la replicante que según Rick -Blade Runner- supera el test de humanidad)

jueves, 28 de febrero de 2013

19th nervous breakdown



El edificio donde nos atienden es moderno, tiene menos de diez años. Está al lado del edificio antiguo, modernista, que es visitado a diario por los turistas. La sala donde espero para ser admitido es amplia y luminosa, más aséptica que acogedora. "Hay una máquina de cafés y otra de bebidas" me indica el segurata, advirtiendo al mismo tiempo que éstas "son para las visitas, no para los internos".

Cuando llega la hora de las visitas, una cancerbera vestida de blanco y con ligero acento del este me admite hacia la parte interior. "Traigo una bolsa con ropa" anuncio al tiempo que muestro el equipaje. La registra con minuciosidad, bolsillos incluidos. Una de las piezas que traigo lleva un cordel para ajustarlo en la cintura. "Esto no puede entrarlo" señala, y añade una coletilla "y claro, si lo cortamos la pieza perdería..". Antes de abrir la segunda cancela, en un espacio con taquillas para dejar todo lo innecesario o no permitido, añade un recordatorio: "pueden darles tabaco, pero no encendedor; pantalones pero no cinturones; nada de comida ni de bebidas".

Al fin penetro en la zona de encuentro, una sala de visitas interior, luminosa y con salida a un pequeño patio con ceniceros. Mientras espero, recuerdo la única cárcel que he visitado por dentro (la Modelo de Barcelona). Esto es mucho más agradable. Pero el procedimiento de exclusión dentro-fuera es el mismo, una institución total en toda regla. Las cárceles se han considerado 'universidades del crimen' y las que pretenden lo opuesto, las que obtienen mejores resultados de reinserción, tratan a los presos "como personas dentro de una comunidad, se les da confianza y responsabilidades”. ¿Es quizá un secreto que las experiencias que mejores resultados consiguen en psiquiatría, rehuyen el modelo de la institución total?

Llega la persona a la que he venido a visitar, mi hijo. Se le ve tranquilo -lo cual me tranquiliza- y con el sopor característico de haber reemprendido la toma de neurolépticos (Olanzapina, me aclara enseguida). Le comento que al día siguiente hablaré con la psiquiatra que ahora lo lleva; quiere mi consentimiento para cambiar la medicación a clozapina. Por una parte esto no me sorprende: lleva ocho años probando (y abandonando) medicaciones sin que ninguna haya conseguido erradicar delirios, es normal recurrir a un recurso de reserva. Por otra, me resulta chocante que al paciente que no está legalmente incapacitado y que voluntariamente ha acudido a solicitar ayuda médica, no se le considere capaz de tomar decisiones que afectarán a su vida.

Al día siguiente, en la entrevista, la psiquiatra no parece interesada en saber nada que no esté en la ficha que le han pasado desde el primer hospital donde mi hijo fue tratado por primera vez. Parece no estar al corriente del último ingreso, en una unidad de subagudos al norte de Barcelona. En lo que sí está claramente interesada es en que yo firme una autorización para iniciar el tratamiento con clozapina. El tema ya lo he meditando, intentando hacer un balance de pros y contras, y vengo dispuesto a firmar. Hago algunos comentarios sobre los posibles efectos adversos listados en la hoja de consentimiento (que por otra parte conozco, se trata de información fácil de encontrar en la web, por ejemplo aquí o aquí). Esa doctora minimiza los riesgos clínicos con soltura, como lo haría un buen vendedor. Cuando al rato firmo tal como venía dispuesto a hacer, tengo la extraña sensación de estar haciendo un pacto con el diablo.

Luego, mientras bajamos a la sala de entrada, me pregunta si alguna vez se le han aplicado 'electroshocks' (usa esta palabra precisamente). Le contesto lo más educadamente que puedo, pero de forma rotunda, que me opongo terminantemente a esa clase de 'terapias'. Me aclara que de todos modos "no son muy efectivas en esos casos".
Un amigo, psicólogo clínico ahora jubilado, me había comentado que cuando él hizo sus prácticas -en esta misma institución- se aplicaban shocks insulínicos y la terapia electro convulsiva estaba a la orden del día. Pienso que las prácticas más denigrantes también pueden llevarse a cabo en un entorno radiante.

 19th nervous breakdown fue un éxito de los Rolling Stones en 1966.
La imagen que encabeza el post es de Max Pedrazzi



lunes, 20 de febrero de 2012

Terapia Ocupacional



La Universidad de Zaragoza dice que "La Terapia Ocupacional es una profesión sociosanitaria que se ocupa de la promoción de la salud y la calidad de vida a través de una selección de actividades, terapéuticas. Su fin es mejorar las condiciones físicas, cognitivas, sensoriales, y psicosociales del individuo para que éste sea capaz de desempeñar sus actividades de la vida diaria con la mayor independencia y autonomía".

En Wikipedia encuentro esta definición de Terapia Ocupacional: "El arte y la ciencia de dirigir la respuesta del hombre a la actividad seleccionada para favorecer y mantener la salud, para prevenir la incapacidad, para valorar la conducta y para tratar o adiestrar a los pacientes con disfunciones físicas o psicosociales".

Su inverso, la inactividad forzada, (aunque con excepciones) se aplica corrientemente en las instituciones psiquiatrícas y penitenciarias, dos de las instituciones totales que describiera Erving Goffman en Internados.

Como fuera que me resulta muy chocante esta 'antiterapia desocupacional' en lugares destinados a devolver la salud, quizá valga la pena examinar las alternativas.

Encuentro un documento de Alberto Sánchez Gutiérrez publicado en Enero del 2011 con el título 'El judo dentro del campo de la salud mental', donde se explica el desarrollo de un taller que se esta llevando a cabo en el hospital de día Madrid, con adolescentes que están recibiendo tratamiento por el inicio de un trastorno mental. Extraigo algunos párrafos.
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Nuestra experiencia ha demostrado que a través del deporte las personas que sufren enfermedad mental, minimizan los síntomas de la enfermedad, aumentan la autoestima, perfeccionan habilidades sociales, permite oportunidades para salir del aislamiento; en definitiva; lo que consigue es mejorar su calidad de vida.
La práctica deportiva sirve para descubrir capacidades propias y motivaciones, recuperar aficiones, potenciar relaciones sociales, fomentar la integración social dentro de la comunidad, disminuye el riesgo de marginalidad, crea un espacio de intercambio de experiencias, aumenta la autoestima y permite disfrutar de la consecución de logros personales.
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El judo es un deporte olímpico de origen oriental, en sus raíces quiere decir JU.....suavidad, flexibilidad o forma de ceder, Do......camino o principio. Se puede traducir judo........camino de la suavidad en contra de lo que generalmente se piensa o podría parecer al ser un deporte de combate. Lo que diferencia al judo de otras artes marciales es que no está permitido el atemi (golpe) y su práctica consiste en kumikata (agarre).
Fue creado por el doctor Jigoro Cano a finales del siglo XIX, sobre la base de los métodos de autodefensa orientales de los samurais. El judo es un deporte fácil de aprender, niños, hombres y mujeres lo pueden practicar puesto que no se requiere de una gran fuerza ni de una condición física excepcional.
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El taller se realiza una vez por semana, en horario de 16 a 17 horas, en el polideportivo barrio del pilar. El grupo lo componen pacientes del hospital de día Madrid de edades comprendidas entre los 16 a los 30 años.
Las clases están dirigidas por el maestro entrenador nacional D. Florencio Velasco, cinturón blanco y rojo 6º dan de judo y tres terapeutas ocupacionales que participan activamente en el desarrollo de las sesiones con una doble función:
    * Como un miembro más del grupo.Observando el comportamiento de los pacientes y para prevenir posibles complicaciones.
    * Apoyo a aquellos usuarios que necesitan una mayor atención por la sintomatología que presentan.
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En el blog salud mental y deporte, se hacen eco de esta iniciativa y de su comunicación en las VI JORNADAS INTERUNIVERSITARIAS DE TERAPIA OCUPACIONAL.

No he encontrado ninguna valoración de resultados, pero seguro que serán positivos. Me pregunto que otras actividades llevarán a cabo los 'pacientes' el resto de la semana.

***

Aunque no ligado exclusivamente a la salud mental, encuentro una excelente descripción del 'Modelo Canadiense del Desempeño Ocupacional' (CMOP, Canadian Model of Occupational Performance).
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El CMOP ve a las personas como seres espirituales que son agentes activos con el potencial para identificar, escoger e involucrarse en ocupaciones en su medioambiente, y que pueden participar como compañeros dentro de una práctica centrada en la persona.
Capacitando para la ocupación (enabling occupation) más que dar pautas invita a una profunda reflexión sobre la práctica terapéutica. Enabling se refiere al proceso de posibilitar, capacitar, facilitar, guiar, educar, promover, entrenar, escuchar, reflexionar, animar. Es la búsqueda de un protagonismo de la persona en su proceso de recuperación. Implica comprender y desarrollar un tipo de relación con las personas y hacer un uso consciente del self.
...
La inclusión social versa sobre un tema de derechos legales y humanos, e implica que las personas tengan oportunidades justas en la sociedad a pesar de su capacidad, género u otras caraterísticas específicas (Young, 1990). Hay un incremento de la inclusión social cuando las personas que han sido segregadas son incluidas como participantes y líderes de sus comunidades (Alberta Premier's Council on the Status of Persons with Disabilities, 1995; Kuyeck, 1990).
La idea de la inclusión social ha ayudado a las personas con discapacidades físicas, mentales y de aprendizaje a rechazar etiquetas estigmatizantes o menospreciantes (Degan y Brooks, 1985).
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El rol primario de la Terapia Ocupacional es el de posibilitar la ocupación, en las áreas de auto-cuidado, ocio y productividad. Implica un proceso de colaboración.
...
El terapeuta colabora con la persona, pero no hace por la persona, el terapeuta analiza la interacción dinámica entre la persona, su medio ambiente y la ocupación. La Terapia Ocupacional es un proceso de empoderamiento (empowering), de fortalecimiento. Por empoderamiento entendemos procesos personales y sociales que transforman las relaciones visibles e invisibles para que el poder sea compartido de forma más igualitaria.
...
Una de las ideas centrales es la creencia del ser humano como ser ocupacional. La ocupación humana es una necesidad intrínseca básica, tan importante como el alimento o la bebida.
...
El desempeño ocupacional se refiere a la capacidad de la persona de elegir, organizar y desarrollar de forma satisfactoria ocupaciones significativas y culturalmente adaptadas, en búsqueda del cuidado personal, del disfrute de la vida y para contribuir a la sociedad.
...
En un post anterior ya hice referencia al tema de la inactividad forzosa, me continúa intrigando la poca atención que se presta a como pasan la mayor parte del tiempo los clientes de salud mental internados.

martes, 10 de mayo de 2011

ESCUCHAR


Hace poco, buscando una cita, releí un artículo que, a pesar de lo antiguo sigue vigente. También el blog psiquiatria pitiusa se hace eco del mismo. La traducción dista de ser perfecta, pero es mejor que lo que te da Google. El original esta aqui. Vosotros mismos.





Como la escucha no-diagnóstica llevó a una rápida "recuperación" de una esquizofrenia paranoide. (por Al Siebert, PhD)

 

Extraido del Journal of Humanistic Psychology, Vol. 40, No. 1, Winter, 2000. pp. 34-58.

 

Resumen

Cuando era psicólogo residente en un instituto neuropsiquiátrico en el año 1965, llevé a cabo una entrevista experimental con una mujer de 18 años de edad, diagnosticada de "esquizofrenia paranoide aguda." Yo había sido influenciado por los escritos de Carl Jung, Thomas Szasz, y Ayn Rand, y estaba perplejo acerca de los métodos para la formación de psiquiatras que no se reportan en la literatura. Me preparé para la entrevista haciendome preguntas. Me preguntaba qué pasaría si yo escuchaba a la mujer como un amigo, evitando que mi mente la diagnósticara, y la interrogaba para ver si existía algún vínculo entre los acontecimientos en su vida y sus sentimientos de autoestima. Mi entrevista con ella fue seguida por su rápida remisión.

Este relato plantea importantes cuestiones sobre:
1.      la poderosa influencia de la posición mental del entrevistador y la forma de relacionarse con los pacientes que perciben como "esquizofrénicos",
2.      aspectos de la formación y prácticas psiquiátricas que nunca han sido investigados,
3.      por qué los psiquiatras tergiversan lo que se conoce científicamente de la "esquizofrenia", y
4.      por qué la literatura psiquiátrica no dice nada acerca de las características de personalidad de las personas que se recuperan completamente de su supuesta "esquizofrenia" y los procesos por los que se recuperan.

Mis funciones como psicólogo de plantilla en el Instituto Neuropsiquiátrico del Hospital de la Universidad de Michigan en 1965 incluía asistir a las "rondas" de la mañana. El personal se reunía en una pequeña sala de conferencias a las 7:30 de la mañana a escuchar diversos avisos e informes sobre las admisiones de pacientes y las altas.
Una mañana, la jefa de enfermeras de la sala cerrada informó la admisión de una mujer de 18 años de edad. El psiquiatría residente que la admitió la noche anterior, dijo que "Los padres de Molly la trajeron. Ellos nos contaron que Molly pretende que Dios habló con ella. Mi diagnóstico provisional es que es una esquizofrénica paranoide. Ella es muy retraída. No quiere hablar conmigo ni con las enfermeras. "
Durante varias semanas los informes matinales sobre Molly fueron los mismos. Ella no participaba en ninguna de las actividades de la sala. No quería hablar con las enfermeras, su trabajador social, o su médico. Las enfermeras no podían conseguir que se peinara o que se arreglara.
Debido a su retraimiento y la falta de respuesta a los esfuerzos del personal, el psiquiatra supervisor, David Bostian, dijo al residente a cargo de Molly que comenzara los planes para su traslado al Ypsilanti State Hospital. Bostian dijo que el hospital de la universidad era un centro de enseñanza, no un lugar que pudiera tener pacientes que necesitan tratamiento a largo plazo.
La opinión generalizada era que ella estaba tan gravemente esquizofrénica paranoide que seguramente pasaría el resto de su vida en la sala de atrás.
Decidí que, puesto que iba encaminada hacia el "nido de víboras", esta era la oportunidad de entrevistar a un paciente psiquiátrico de una manera muy diferente de cómo había sido entrenado en mi programa de psicología clínica. Le pedí al médico de Molly, un residente de tercer año, el permiso para administrar algunas pruebas psicológicas y una entrevista antes de que ella fuera trasladada al hospital estatal. El residente dijo que podía intentarlo, aunque no esperaba ningún resultado de mis esfuerzos. Contacté con la enfermera jefe y dispuse un encuentro con Molly a la mañana siguiente en el comedor de la sala.
En casa esa noche me preparé para la entrevista con Molly, reflexionando sobre un grupo de los siguientes cuatro temas y preocupaciones:
1.      Después de leer El mito de la enfermedad mental  de Thomas Szasz (1961), comencé a notar que tan solo veía una "enfermedad mental" en alguien cuando yo estaba en el hospital con mi bata blanca, trabajando de psicólogo. Cuando estaba fuera del hospital, nunca pensé que nada de lo que la gente expresara fuera "enfermo", no importa lo extravagante de sus palabras o acciones. Me pareció interesante que mi percepción de "enfermedad mental" en la gente fuera tan situacionalmente influencia.
2.      Me hallaba confundido acerca de un aspecto no investigado y no documentado sobre la manera como los residentes psiquiátricos hablan a los enfermos mentales recien ingresados. En nuestro instituto los residentes psiquiátricos tenían que convencer a cada uno de sus pacientes que eran "enfermos mentales". Estuve presente en la oficina de un residente, por ejemplo, durante una pelea a gritos con un paciente, Tony, quien se negó a creer que estaba "enfermo mental". Tony era un trabajador de fábrica desempleado de 20 años de edad. Se encontraba en nuestras instalaciones para un examen ordenado por la corte por haber golpeado a su padre en una pelea a puñetazos. También estaban presentes en la sala su esposa, un trabajador social y un fuerte auxiliar.
El psiquiatra residente, dijo "Tony, tu comportamiento es enfermizo. Podemos tratarte aquí como un ambulatorio, pero debes entender que eres un enfermo mentale antes de que podamos hacer algún progreso."
Tony gritó "No, yo no lo soy! Vosotros médicos estaís locos si pensaís que soy un enfermo mental!"
Residente: (alzando la voz) "Hemos discutido antes sobre esto. Debes creer que eres un enfermo mental o no podemos ayudarte!"
la cara de Tony se puso roja. Sus fosas nasales se encendieron. Su respiración se aceleró. Gritó, "No soy un enfermo mental!"
La esposa de Tony se acercó y puso su mano sobre su brazo.
El residente gritó "Sí que lo eres!"
Tony: "No, no lo soy!"
Residente: "Sí que lo eres!"
Y así siguió.
Por último, el residente negó con la cabeza y le dijo al asistente "llevatelo de vuelta."
Tales discusiones entre los residentes de psiquiatría y los pacientes eran frecuentes. Busqué en la literatura psiquiátrica, pero no pude encontrar ninguna investigación acerca de por qué es esencial en las primeras etapas del tratamiento psiquiátrico convencer a los pacientes que deben creer que son enfermos mentales. ‘Cómo vivir con la esquizofrenia’,  de los psiquiatras Abram Hoffer y Humphry Osmond ( 1966), contiene una declaración por escrito típico de lo que comunmente se dice a los pacientes:
Como paciente, usted tiene una grave responsabilidad hacia sí mismo y hacia su familia de recuperarse. No tendrá ningún problema si usted está convencido de que está enfermo. Pero no importa lo que piensa, debe hacer todo lo posible para aceptar la declaración de su médico de que está enfermo ... (p. 153).
La literatura psiquiátrica contiene algunos artículos y discusiones sobre la "falta de discernimiento [insight]" en los pacientes (McEvoy et al. 1989), pero no hay una investigación que explore la validez o justificación terapéutica de los esfuerzos para convencer a las personas de que están enfermas.
Tales esfuerzos, rutinarios en nuestro instituto, creaban algunas situaciones extrañas. Por ejemplo, hemos escuchado en las rondas del personal acerca de un hombre que ingresó en nuestro servicio con diagnóstico de "estado de paranoia aguda". Su principal queja era que la gente estaba tratando de forzar pensamientos en su mente. Tenía curiosidad acerca de su experiencia desde su punto de vista. Obtuve permiso de su psiquiátra residente para entrevistarlo. Un ayudante trajo al hombre, a quien voy a llamar a Ron, a mi oficina. Tenía 25 años de edad, metro ochenta de alto, bien afeitado, en buena forma física, y muy bien vestido con pantalones y una camisa limpia. Me dió la mano y se movia con confianza. Después de que se sentara, le pregunté "¿Por qué estás aquí en el hospital?"
Ron: "Mi mujer y la familia dicen que no pienso cuerdamente (aprieta la mandíbula). Dicen que  hablo locuras. Me han presionado a venir aquí".

"Es un ingreso voluntario, ¿no?"
Ron: "Sí. No servirá de nada; son ellos los que necesitan un psiquiatra".

"¿Por qué dices eso?"
Ron: “Trabajo de comercial en una gran empresa. Todo el mundo ahí va a su bola. No me gusta. No me gusta engañar a las personas o presionarles a comprar para llenarme los bolsillos. Los demás lo hacen .. egoísmo, arañando para salir adelante. Traté de hablar con mi jefe, pero dice que tengo una actitud equivocada. Me tiraniza continuamente."

"Entonces, ¿cuál es el problema con tu familia?"
Ron: “Hablé de dejar de fumar e ir a la escuela de  veterinaria. Me gustan los animales. Me gustaría ese trabajo. Mi esposa dice que no pienso correctamente. Ella quiere que me quede en la empresa y trabaje hasta ascender. Ella fue a mis padres y los convenció [de su postura]. "

Hablamos un rato acerca de cómo su esposa y sus padres querían que él viviera a la altura de lo que soñaron para él.
Dije: " todavía no veo la razón de porque estás aquí."
Ron: "Están molestos porque empezé a gritar lo egoístas que son. Mi mujer quiere un marido que gane dinero a lo grande, sea propietario de una casa de lujo, y conduzca un coche caro. Ella no quiere ser la esposa de un veterinario. Ellos no pueden ver lo egoístas que son tratando de hacerme encajar en un patrón que los haga felices. Todo el mundo me dice lo que debería pensar y lo que debería hacerme feliz. "

"Así que les dijiste lo egoístas que son?"
Ron: "Sí. No pueden encajarlo porque creen que sólo están interesados ​​en mi bien."
Se hundió en su silla y se mantuvo el rostro entre las manos.

"¿Le dijiste al médico de admisión acerca de ellos tratando de hacer que pienses correctamente, verdad?"
Ron: "Sí. Todo el mundo está tratando de lavarme el cerebro. Mi mujer, mis padres, el jefe de ventas. Todo el mundo está tratando de impulsar su forma de pensar en mi cabeza".

"¿Cómo te sientes acerca de todo esto?"
Ron: "Me siento enojado. Ellos dicen que han hecho esto para ayudarme, pero yo no les importo. Son todos unos egoístas. Me temo que les incomodo en sus apretados pequeños mundos. Yo no debería estar aquí."

Vi que el doctor Ron actuó obedientemente con su formación cuando diagnosticó a Ron como paranoico. La consecuencia, sin embargo, fué un doble vínculo "enloquecedor" para Ron.
En esencia, su médico le estaba diciendo, "Porque crees que la gente está tratando de forzar pensamientos en tu mente, debes aceptar en tu mente la idea de que tienes una enfermedad mental." Dos días más tarde, Ron salió. Se rumoreó que se fué para California.
Estos incidentes me ayudaron a ver lo intensamente que los psiquiatras fuerzan sus palabras y pensamientos en las mentes de los pacientes sin darse cuenta de lo que están haciendo.
Cuando un paciente no está de acuerdo, esto es diagnosticado como "resistencia", "falta de discernimiento [insight]", y considerado como otro signo de la "enfermedad mental".
3.      Durante las reuniones de admisión había observado que cuando un paciente era reportado ‘habla de forma extraña’, el personal reflexivamente declaraba la persona esquizofrénica". Diagnósticar parecía más importante que comprender.
Nadie parecía influenciado por Carl Jung (1961), quien dijo en su autobiografía, "A través de mi trabajo con los pacientes me di cuenta de que las ideas paranoides y alucinaciones contienen un germen de sentido .... La culpa es nuestra si no las comprendemos .... Siempre fue sorprendente para mí que la psiquiatría hubiera tomado tanto tiempo para examinar el contenido de la psicosis "(p. 127).
4.      Yo acababa de leer el libro de Ayn Rand, La Rebelión de Atlas (1957). Estaba impresionado con su interpretación de cómo la necesidad de auto-estima influye lo que hacemos, decimos, pensamos y sentimos. Yo venía notando, por ejemplo, que cuando alguien hace una declaración de muy alta autoestima, la mayoría de la gente reacciona negativamente e intenta desvalorizar la persona. Me preguntaba qué habría de malo en pensar bien de sí mismo.

 

Mis preguntas

Cuando me preparaba para mi entrevista con Molly al día siguiente, desarrollé cuatro preguntas para mí:
1.      ¿Qué pasaría si tan solo la escuchaba y no permitía que mi mente le pusiera etiquetas psiquiátricas?
2.      ¿Qué pasaría si hablo con ella creyendo que podría llegar a ser mi mejor amiga?
3.      ¿Qué pasaría si acepto todo lo que cuente acerca de sí misma como la verdad?
4.      ¿Qué pasaría si la cuestiono para descubrir si hay un vínculo entre su autoestima, el funcionamiento de su mente, y la forma en que otros la han tratado?

 

La Entrevista con Molly

A la mañana siguiente al ir a la sala tomé conmigo el kit Escala de Inteligencia para Adultos, de Wechsler y las cartas Bender-Gestalt. Dispuse los materiales sobre una mesa en el comedor y esperé hasta que la enfermera trajo a Molly.
Molly era de altura mediana y parecía tener un ligero sobrepeso. Sus hombros caídos hacia delante. Era una mujer joven de aspecto franco y no llevaba ningún maquillaje. Su pelo castaño claro, lacio, largo hasta los hombros, necesitaba lavarse. Llevaba un vestido suelto y gastado de algodón . ‘Desaliñada’ fue la palabra que me vino a la mente.
Cuando la enfermera nos presentó, Molly lanzó una mirada rápida hacia mí. No dijo nada, aunque yo podía sentir su atención en mí. Parecía asustada y sola. La senté en el extremo de una mesa y me senté a su lado. En lugar de tratar de hablar con ella, la puse a trabajar copiando los diseños de Bender-Gestalt en hojas de papel. Ella cooperó e hizo lo que le pedía.
Yo no estaba especialmente interesado en lo bien que pudiera dibujar, sólo quería que ella se sintiera cómoda conmigo. Me senté relajado y tranquilo. Al terminar un dibujo le decía: "Bien," o "Eso está bien," o "Muy bien, aquí está el siguiente".
Al terminar los dibujos, la inicié en el bloque de pruebas de diseño de Wechsler. Ella seguía las instrucciones con precisión y trabajaba a buen ritmo. Pude ver que no estaba deprimida y que no tenía problemas neurológicos obvios. Gradualmente ganó confianza en mí y se relajó a medida que avanzábamos. Después de unos 15 minutos se asomó por debajo de su pelo y me miró con cautela a los ojos. En el primer momento de contacto visual sonreí y dije "Hola". Ella se sonrojó y agachó la cabeza. Sentí una relación [rapport] con ella y sentí que podría comenzar una conversación. Transcurrió así:
AS: "Molly ?...( ella me mira) ... tengo curiosidad por saber algo del hospital. ¿Por qué estás aquí en un psiquiátrico?"
Molly: "Dios me habló y me dijo que me iba a dar a luz al segundo Salvador."
AS: “Puede ser, pero ¿por qué estás aquí en este hospital.? "
Molly: (sorprendida, desconcertada): "Bueno, eso es decir locuras."
AS: "¿Según quién?"
Molly: "¿Qué?"
AS: "Decidiste cuando Dios te habló a tí que estabas loca?"
Molly: ". Oh No. Me dijeron que estaba loca."
AS: "¿Crees que estás loca?"
Molly: "No, pero lo estoy, ¿verdad?"  (abatida)
AS: "Si quieres poner eso en forma de pregunta, te voy a contestar."
Molly: (un poco perpleja, se detiene a pensar) "¿Crees que estoy loca?"
AS: "No"
Molly: "Pero eso no podría haber ocurrido, ¿verdad?"
AS: "En lo que a mí respecta, tú eres la única persona que sabe lo que sucede en tu mente. ¿Te pareció real en su momento?"
Molly: "Oh, sí!"
AS: "Dime lo que hiciste después de que Dios te hablara."
Molly: "¿Qué quieres decir?"
AS: "¿Empezaste a hacer peúcos de ganchillo y suéteres y esas cosas?"
Molly: (risas) "No, pero empaqueté mi ropa y esperé en la puerta varias veces."
AS: "¿Por qué?"
Molly: "Me sentía como si me fueran a llevar a alguna parte."
AS: "No fue donde esperabas, ¿verdad?"
Molly: (riendo) "¡No!"
AS: "Una cosa que tengo curiosidad por saber."
Molly: "¿Qué?"
AS: "¿Por qué de todas las mujeres en el mundo, Dios te escogió a tí para ser la madre del segundo Salvador?"
Molly: (rompe en una gran sonrisa) "Sabes, me he estado preguntando lo mismo! "
AS: "Tengo curiosidad. ¿Qué cosas sucedieron en tu vida antes de que Dios te hablara?"
Tomó cerca de 30 minutos extraer su historia. Molly era hija única y había intentado, sin éxito, ganar el amor y el aprecio de sus padres. Ellos sólo le daban un poco de amor de vez en cuando, lo suficiente para darle la esperanza que podía conseguir más. Ella voluntariamente hizo muchas cosas en la casa como cocinar y limpiar. Su padre había sido músico así que ella se unió a la orquesta de la escuela. Ella pensó que esto le iba a gustar. Ella ensayó mucho y el día en que fue ascendida a primera fila en la sección de clarinete, corrió de la escuela a su casa a decirselo a su padre. Ella esperaba que estaría muy orgulloso de ella, pero su reacción fue de romper el clarinete contra la mesa de la cocina y decirle: "Nunca llegarás a nada". Después de graduarse de la escuela secundaria, Molly entró en la escuela de enfermería. Escogió la enfermería porque creía que en el hospital los pacientes apreciarían las cosas buenas que haría por ellos. Estaba ansiosa y emocionada por su primer trabajo clínico, pero se convirtió en una experiencia demoledora. Las dos pacientes a las que fue asignada la criticaron. Para ellas no hacía nada bien. Se sintió "como si el mundo le cayera encima". Se escapó de la escuela y tomó un autobús a la ciudad donde su novio de la escuela secundaria estudiaba en la universidad. Fue a verlo, pero él le dijo que se fuera a casa y le escribiera. Dijo que aún podrían ser amigos, pero él quería quedar con otras chicas.

AS: "¿Cómo te sentiste después de eso?"
Molly: "Terriblemente sola."
AS: "Así que tu papá y mamá no te quieren, a los pacientes críticos y no les gustaste, y tu novio sólo quería ser amigo. Todo esto te hizo sentir muy triste y sola."
Molly: (cabeza hacia abajo, abatida) "Sí, no parecía haber nadie en el mundo entero que se preocupara por mí."
AS: "Y entonces Dios te habló."
Molly: "Sí". (silencio)
AS: "¿Cómo te sentiste después de que Dios le dio la buena noticia?"
Molly: (mira hacia arriba, me sonríe afectuosamente) "Me sentí como la persona más especial en el mundo entero."
AS: "Es una sensación agradable, ¿no?"
Molly: "Sí, lo es."
(El equipo de cocina entró en el comedor para preparar el almuerzo.)
AS: "Tengo que irme ahora."
Molly: "Por favor no les diga lo que hemos estado hablando. Parece que nadie lo comprende."
AS: "Sé lo que quieres decir. Prometo no decir nada si tu tampoco lo haces."
Molly: "te lo prometo."
Dos días después estaba caminando por la sala cerrada para ver a otro paciente. Cuando Molly me vio se acercó y me detuvo poniendo su mano sobre mi brazo. "He estado pensando en lo que hablamos", dijo. "Me he estado preguntando. ¿Crees que me imaginé la voz de Dios para hacerme sentir mejor?"
Ella me sorprendió.Yo no tenía la intención de hacer terapia, pero ella parecía ver la conexión. Hice una pausa. Me dije a mí mismo "puede ser, pero si hay un antiguo Dios que hace cosas como esta, entonces Él está mirando! No me importaba lo que los otros médicos y enfermeras hacen, yo no voy a ser rudo con ella. Yo voy a ser su amigo! " Me encogí de hombros. Le dije: "tal vez" y le sonreí. Ella me devolvió la sonrisa con un buen contacto visual, luego se volvió y se alejó.
En las rondas de personal la jefa de enfermeras informó de una mejora substancial en Molly. Ahora era un alegre, locuaz adolescente. Hablaba con facilidad con su médico, las enfermeras, y otros pacientes. Empezó a participar en las actividades de los pacientes. Se cepillaba y peinaba el pelo, se ponía maquillaje, y pidió vestidos más agradables.
En las rondas de una semana después, el Dr. Bostian describió su asombrosa recuperación como "un caso de remisión espontánea." Los planes para su traslado fueron abandonados. Unos días más tarde fue trasladada a la sala abierta y lo hizo tan bien que los médicos y enfermeras esperan sea dada de alta pronto. Salí del hospital poco después, así que no fui capaz de seguimiento. ¿Qué habría sido de ella si yo no hubiera tenido tiempo para escucharla con una mente abierta y afirmar su realidad?  La predicción del personal psiquiátrico de que estaba destinada a pasar muchos años en la sala trasera del hospital estatal, muy probablemente, hubieran sido corroborados.

Todos los nombres de los pacientes en este artículo son pseudónimos.