"En mi niñez me di cuenta desde muy temprano que yo veía las cosas de manera diferente a los demás. Pero más a menudo que no, me ha ayudado en mi vida. La psicopatía (si es así como usted quiere llamarlo) es como una medicina para los tiempos modernos. Si la tomas con moderación, puede resultar muy beneficiosa. Puede aliviar una gran cantidad de dolencias existenciales de las que, de otro modo, seríamos víctimas porque nuestros frágiles sistemas inmunológicos psíquicos no están en condiciones de protegernos. Pero si tomas demasiado, una sobredosis, entonces puede, como es el caso con todos los medicamentos, tener algunos efectos secundarios bastante desagradables"
(Declaración de alguien profesionalmente exitoso, y que puntuó alto en la Escala de Calificación de Psicopatía de Hare (el de la foto). Citado aqui http://www.wisdomofpsychopaths.com/)
· sistema digestivo compartido para contenidos neuronales. algo así como panza, redecilla, libro y cuajar.
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viernes, 11 de enero de 2013
Medicina recomendada
domingo, 14 de octubre de 2012
Ocuparse de lo propio
Una de las cosas que mejor sientan a la salud mental es ocuparse de los propios asuntos; examinar como andan; preguntase por los aspectos oscuros e intentar esclarecerlos para mejorarlos. Aqui va una manera de ocuparse de lo propio:
y la continuación
(Se comentan datos y se formulan preguntas al presidente de la Generalitat de Catalunya en relación con la gestión de los recursos destinados a la Salud Pública)
lunes, 21 de noviembre de 2011
Tali Sharot
El viernes pasado asistí a un webinar (seminario vía internet, por streaming) donde, entre otros ponentes, intervino Tali Sharot. Esta psicóloga ha publicado recientemente "El sesgo optimista". ("The Optimism Bias", todavía no traducido al español). Habla con el ritmo de una ametralladora. El tiempo concedido, poco más de 20 minutos, lo llena con frases precisamente construídas, ninguna superflúa.
El RAE define optimismo como "Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable". No es nada nuevo decir que va bién 'ser optimista', la innovación consiste en explicar el como y el porqué. Tali Sharot diseca los mecanismos cerebrales de esta forma de funcionamiento y, además, examina como afecta esto al mundo en que nos desenvolvemos.
En su web declara:
"Estoy interesada en cómo la motivación y la emoción dan forma al juicio humano, a la memoria y a la acción. Uso una combinación de técnicas, incluyendo conductuales, computacionales, farmacológicas, y métodos de infografía cerebral, para dilucidar los procesos que subyacen a tres niveles: el del comportamiento, el de los sistemas neuronales y el de neurotransmisores."Y escribe:
¿Las grandes expectativas no nos conducirán a la decepción cuando no se cumplan? Es corriente la creencia de que tener expectativas bajas es bueno, porque nunca se es decepcionado cuando las cosas van mal y se recibe una grata sorpresa cuando salen bien. Cuando se probó en laboratorio, sin embargo, esta idea resulta ser falsa.Una breve búsqueda me conduce a un post de Ricardo Acevedo Z. de donde extraigo:
Por el contrario - después de fracasar en las personas que son excesivamente optimistas se sienten mejor que la gente que espera fracasos todo el tiempo.
En una serie de estudios de los psicólogos Marshall & Brown encontraron que después de recibir los resultados de una prueba, los participantes con bajas expectativas se sorprendieron cuando en realidad lo hicieron bien, pero no se sintieron mejor que las personas optimistas. Tampoco las personas optimistas que esperaban recibir una buena calificación se sintieron peor cuando acabaron fracasando.
¿Entonces por qué los optimistas se sienten mejor que los pesimistas, incluso cuando las cosas no salen como quieren?
En primer lugar, las expectativas positivas llevan a las emociones positivas y la mayor parte del tiempo los optimistas se sienten mejor que los pesimistas. En segundo lugar, las personas con altas expectativas tienden a ver sus resultados de forma más positiva, aun cuando no se alinea con la esperanza ("Sí, no pasé la prueba, pero me fue mejor que a Paul!"). Por último, incluso después de fracasar los optimistas dirán: "Bueno, la próxima vez lo haré mejor!" ..
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...Habrá que experimentar ...
En el año 1932, 180 monjas de una orden religiosa de Kentucky, EE.UU., tuvieron que escribir biografías sobre sí mismas. Era un ejercicio más bien espiritual, un ensayo diseñado para probar sus habilidades de redacción que no debía exceder las 300 palabras. Durante décadas este material permaneció archivado en la biblioteca. Hasta que a fines de los 90, dos estudiantes de Sicología de la Universidad de Kentucky los encontraron. Algunos años más tarde, en 2001, presentaron lo que se considera una de las primeras pruebas de los efectos del optimismo en la salud de las personas.
El llamado Estudio de las Monjas demostró que el contenido emocional de las cartas estaba estrechamente relacionado con la cantidad de años que habían vivido las religiosas en cuestión: aquellas que expresaban emociones positivas, como alegría o esperanza, vivían un promedio de siete años más que aquellas menos optimistas. Todavía más, la relación se incrementaba a 9,5 años para las más positivas y 10,5 años para las que usaban gran variedad de palabras animosas en sus cartas.
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miércoles, 31 de agosto de 2011
La locura lo cura (2)
Para distinguir a los clínicos más eficaces de aquellos que lo son menos, basta con aplicar un criterio bastante simple: como dice la biblia ‘por sus frutos los conoceréis ’, y como afirma el saber popular ‘obras son amores y no buenas razones ’. Algunos dejan tras de sí un rastro de personas agradecidas y otros se parapetan en títulos y saberes.
El heterodoxo Guillermo Borja fue "una de esas personas que nos incomodan y acobardan, no por su autoridad, su prestigio, su estatura o su fama, sino más bien por su gran e implacable honestidad ". Sus 'hijos putativos' aún lo extrañan. Irónicamente, quien acompañó a muchos hacia la recuperación de su vida fue condenado a la cárcel por "atentado contra la salud": había osado usar peyote.
Y en la prisión de Almoloya se le ofreció la oportunidad de atender a los internos del pabellón de los locos; lugar donde nadie se atrevía ni tan solo a entrar, tampoco el psiquiatra de la cárcel. Y tan grande fue la transformación de ese pabellón y de sus huéspedes, que el psiquiatra titular quiso aprender del interno que logró ese cambio.
El libro "La Locura lo Cura, manifiesto psicoterapéutico" no lo escribió: lo dictó; uno de los psicóticos lo transcribió (sin puntuación ni ortografía); el manuscrito logró evadir la cárcel, y luego fue corregido y editado. En un mundo de tanta teorización vacía, resulta refrescante alguien que habla más desde la experiencia que desde la racionalización. Entresaco algunos párrafos.
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Si decido ser terapeuta, aunque tenga la intención de ser el portador de la salud, más bien ya porto la estafeta de la enfermedad. Solamente la enfermedad puede llevar a la curación; lo demás son disculpas o intelectualizaciones. Uno solo puede ayudar cuando se reconoce enfermo.
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Los terapeutas se la pasan negando su persona y queriendo ser terapeutas, pero lo cierto es que terapeuta es igual a persona. Dice Rogers que lo más difícil es convertirse en persona y que para ello hay que transformarse primero en monstruo. Ser monstruo es bajar a las profundidades (a aquellos sitios que alojan lo que anteriormente se consideraban problemas de moralidad o de orden espiritual y que en el siglo actual [el XX] se denominan "problemas del inconsciente").
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No creo en la psicoterapia breve; para mí eso es el MacDonald's de la psicología profunda. La psicoterapia breve se dedica a curar síntomas porque desconoce que la enfermedad no es sus síntomas. Quien se entretiene con los síntomas no hace sino rebuscar y neurotizar la enfermedad. Es evidente que si se atacan sus síntomas, el ego se fortifica y emerge con más sutileza, casi con salud, pero más reprimido y más sofisticado a nivel patológico.
La mejor medida de un tratamiento se halla en la capacidad que ha adquirido el terapeuta para la introspección y en su transparencia como persona. Muchos terapeutas intentan disolver una problemática a través del intelecto y solo logran por ese medio la insensibilización de lo humano. Así, nos volvemos más máquinas, más ordenados, más decentes, más educados, y más acordes a la norma establecida. El intelecto, en definitiva, provoca un enmascaramiento que aumenta los niveles de riesgo de enfermedad y hace que después resulte más difícil de localizar; cuando los síntomas ya no nos sirven de guía, corremos el riesgo de que lo que veamos sea una metástasis.
Vivimos en una sociedad enferma. Basta considerar sólo dos de sus síntomas: la insatisfacción y la incapacidad de vivir en paz. Hay una intranquilidad en lo elemental. Todos los valores predisponen a la enfermedad. El éxito se logar a través de la negación de los actos. Pero no son las cuestiones políticas las que hacen que no funcione el ser humano; tenemos que asumir que el que hace funcionar cualquier política es el ser humano.
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Estoy convencido de que todas las personas que terminan en malos términos con sus terapeutas manifiestan la manera en que suelen acabar todas sus otras relaciones, siempre culpando al otro y a lo externo. Esto es difícil de reconocer, y es justo ahí donde puede comenzar un buen trabajo de psicoterapia profunda. Cuando una persona sale mal librada, cuando su ego sale mal parado, se nos presenta una ocasión inmejorable para trabajar, para revisar la imposibilidad de aceptar la frustración. Así, cada cual tiene lo que requiere y lo que se ha buscado, y esto es cierto tanto para el paciente como para el terapeuta. En esto ocurre lo mismo que con las parejas que rompen su relación amorosa: los dos ganan o los dos pierden. Si hubo dos decisiones de amarse y de entregarse, al final de una relación hay un mismo dolor: no puede ganar uno y perder el otro. Simplemente no fue posible seguir juntos. El encuentro fue de dos personas; la separación también es de dos. Ninguno es más responsable que el otro; ninguno de los dos es el más enfermo.
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Aunque no lo digan explícitamente, la mayoría de las corrientes o escuelas de psicología tienen la norma implícita de que el terapeuta no comparta información personal con su paciente, de que no le abra al paciente las puertas de su vida personal. Esto lo considero muy negativo, pues la transparencia invita a la realización del paciente. Además, uno trata de enseñar que no hay que ocultar nada en la vida, de lograr que el otro haga su vida y entienda que nada va a pasarle por el mero hecho de vivirla. La distancia es innecesaria. Es miedo. Es negar algo que queremos ocultar. Esto no es muy terapéutico; es más fácil no ocultar, es más sencillo ser natural y simple, es mejor acortar el camino y no esperar que el paciente, a través de sus fantasías, llegue a una conclusión que nosotros le podríamos haber mostrado antes. La salud está sostenida por la simpleza, por dejarse ver, por permitir que se acorten las rutas. La sencillez es ver lo que nos sucede y cómo lo vivimos.
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La autenticidad es no cambiar lo que uno es y aceptar lo que uno tiene. Es la capacidad de manifestarse tal y como se es, sin ocultamientos. Lo auténtico es y tiene valor.
La autenticidad no es tratar de ser mejor. Esto es sentido del deber y obligación, una orden y una fachada. La verdadera autenticidad es mostrarse sin juicio y sin temor a ser descalificado.
Uno tiene que trabajar mucho para poder alcanzar la autenticidad: como paciente, no como terapeuta. Y es que no se trata solo de mostrarse; de ser así, cualquier descarado sería un ser auténtico. No hay que confundirse y creer que se debe mostrar la verdad hasta el escándalo: quienes creen eso están menos interesados en lo primero que en lo segundo. Hay que decir la verdad sin escandalizar.
No puedo hacerle creer a mi paciente algo que yo no creo. Si yo no he realizado un proceso y digo lo contrario, estoy cometiendo un fraude contra el paciente.
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